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viernes, 31 de diciembre de 2010

♥ Novelas Nileeey ♥ les decea

♥ ¡¡Happy New Year !! 2O11

Ojala Qe el Nuevo Año Qe Comienza este Cargado de Amor, Salud, Trabajo & Dineero (: y Por Sobre Todas laas Cosas sea Un Año Lleno de Paz !





Las quierooo muuchoo!!! y con todo mi ♥.. :D


Gracias...

jueves, 30 de diciembre de 2010

Novela " Jemy " Cap 7




El viernes por la tarde, Taylor  y los chicos llegaron en taxi al rancho. Justo en ese momento regresaban Demi y Cody  de la excursión a caballo, los niños habían salido corriendo hacia la casa, sin duda a saludar a Bella, por quien sentían mucho cariño,
mientras que su madre, vestida con un traje de inmaculado lino blanco, salía en ese instante del vehículo, con su largo cabello cobrizo al viento. Al alzar la vista se encontró con un fascinado Cody Linley.
— ¡Cody! —exclamó, tropezando con una raíz que sobresalía del suelo.  Cayó de rodillas sobre el suelo polvoriento, y Cody bajó al momento de su montura para ayudarla. Una vez la hubo levantado del suelo, se quedó sujetándola por los brazos con sus fuertes manos, los ojos fijos en el rostro sonrojado de ella.
—Taylor... —murmuró suavemente—. El tiempo no ha pasado por ti estás más hermosa que nunca.
— ¿qué estás haciendo aquí? —gimió ella.
Lanzó una mirada en dirección a Demi, sin poder creer que estuviera voluntariamente en compañía de Cody.
—Es uno de nuestros nuevos peones —le dijo la joven—.Joe lo contrató.
— ¿es que no sabía qué...? —comenzó a preguntar Taylor. Pero se calló en cuanto vio la expresión acongojada de Cody y el azoramiento de Demi— lo siento, es solo que...
—el pasado únicamente se convierte en un problema si se deja que se convierta en un problema —respondió Demi haciéndose la fuerte como solía hacer—. Cody y yo nos llevamos muy bien, ¿no es verdad?—añadió, como desafiándolo a decir lo contrario.
—Tan bien como cabría esperar —contestó él con una media sonrisa—.Demi ha sido muy generosa permitiendo que me quede. No podría haberla culpado si me hubiera echado a patadas de aquí, era lo que me merecía.
Taylor no daba crédito a lo que estaba oyendo, mientras pagaba al taxista, Demi se apeó de su caballo para ayudarla a llevar las maletas, pero Cody se le adelantó.
— ¿no te importa ocuparte tú de los caballos, Demi? —inquirió este volviéndose hacia ella con expresión esperanzada.
Aquella era la prueba de que seguía estando loco por Taylor, no la sorprendía en absoluto que estuviera ansioso por retomar el contacto con ella. En cambio, era más difícil tratar de adivinar qué sentimientos había provocado su regreso en Taylor.
Aunque, ciertamente, resultaba impropio de una mujer con tanto autodominio que hubiera tropezado nada más verlo y se hubiera puesto tan nerviosa.
—De acuerdo —aceptó—.Taylor, os veré a ti y a los chicos dentro de un rato.
—Bien —murmuró su cuñada. Sin embargo, no podía dejar de mirar a Cody, como si fuera un imán que la atrajera.
Demi condujo a los caballos al establo, dejándoselos a Chappy  para que los cepillase y les diera de comer y beber.
— ¿dónde está caleb? —inquirió señalando un pesebre vacío.
Caleb era el caballo negro que solía montar Joe. Demi pensó que su interés por el jinete resultaría menos obvio si preguntaba por su cabalgadura y no por él. Sin embargo, más sabe el diablo por viejo que por diablo, y no engañó a Chappy, quien sonrió con malicia.
—el señor  Deleasa salió hace un buen rato, dijo que iba a revisar el vallado del perímetro.
— ¿el vallado? —Inquirió Demi extrañada—,  pero si apenas hace una semana que lo arreglaron. ¿Qué se supone que va a revisar? Chappy se encogió de hombros.
—Escuchó a esos dos —le explicó señalando con la cabeza a unos peones al fondo
del establo— hablando de cómo Linley se ha... «Pegado» a usted, señorita Demi, los mandó a limpiar el establo y se marchó. Creo que ninguno de los hombres volverá a hacer un comentario similar cuando el señor Deleasa ande cerca —murmuró con sorna.
— ¡qué tontería! ¿Por qué habría de importarle que dijeran eso? masculló Demi, mordiéndose el labio inferior, Chappy enarcó una ceja y la miró divertido.
—creo que necesita usted gafas, señorita —le dijo meneando la cabeza.
Demi torció el gesto y se dio la vuelta, encaminándose hacia la casa, con la esperanza de ver aparecer a Joe en cualquier momento, sin embargo, no sucedió. ¿Porqué habría tenido que volver Cody? en realidad su presencia no la molestaba: no se
parecía en nada al hombre superficial que la había herido en el pasado, y ella ya no sentía nada por él, incluso el rencor se había esfumado. De hecho, lo veía como a un
extraño que estaba empezando a caerle bien, pero nada más, ¡si tan solo pudiera explicarle eso a Joe!
Aquella noche, en lugar de cenar dentro de la casa, pusieron unas mesas en el patio trasero y lo adornaron con farolillos. Cuando ya estuvieron servidos todos los huéspedes, Demi tomó asiento junto a Taylor. Había dejado que Curt y Jess fueran a comer con Joe y los peones del rancho en el barracón, así que estaba sola y parecía
taciturna.
— ¿no comes, Taylor?
—No tengo apetito —murmuró la mujer sacudiendo la cabeza. Se quedó callada un momento, como si no se atreviera a preguntar lo que iba a preguntar—Demi, ¿cómo has dejado qué...? lo que quiero decir es...
— ¿por qué he dejado que Cody se quede? —adivinó la joven,
Taylor asintió con la cabeza.
—la verdad es que al enterarme de que Joe lo había contratado le dije que lo
despidiera, pero se negó, y me dijo que si quería que lo hiciera, tenía que explicarle el porqué —le dijo Demi bajando la vista— y yo... no podía decírselo, así que no he tenido más remedio que dejar a Cody quedarse.
—Comprendo —musitó Taylor, revolviendo la ensalada de pasta de su plato con el tenedor— Demi... ¿es demasiado terrible para ti tenerlo aquí? el tono preocupado en que le había hecho la pregunta era interesante. Demi esbozó una pequeña sonrisa.
—No, no es demasiado terrible —la tranquilizó, escrutó las hermosas facciones de Taylor—. A ti te gusta, ¿no es cierto?
Cody dio un respingo y enrojeció.
—yo... no, claro que no, ¿por qué dices eso? nunca he pensado en él de ese modo.
— Hace mucho de la muerte de Ted, Taylor— murmuró Demi—, y estoy segura de que él no habría querido que lo lloraras el resto de tu vida, ni que estuvieras sola, supongo que bella y tú teníais razón respecto a lo que ocurrió, me lo tomé demasiado a la tremenda solo porque no tenía ninguna experiencia con los hombres y me asusté en
cuanto empezó a besarme. Y, aunque yo no pretendía darle pie a aprovecharse de mí, me temo que de algún modo lo hice al coquetear con él.
—No, la culpa fue mía —repuso Taylor—, tenía que haber imaginado que podía hacer algo así cuando lo rechacé. Lo había visto un montón de veces flirtear contigo, pero pensaba que lo hacía en broma porque tú no eras más que una adolescente, y nunca imaginé que tú fueras a tomarlo en serio, ni que sintieras algo por él —admitió—
la verdad es que Cody me gustaba, pero estaba casada con tu hermano, y lo amaba nunca lo habría engañado con otro hombre.
—Lo sé —asintió Demi— todo eso ya es pasado y ha quedado atrás. No pienso dedicarle un solo pensamiento más.
— ¿y Joe? —inquirió Taylor mirándola curiosa-. ¿Qué me dices de Joe?
Demi se quedó dudando, miró a su cuñada a los ojos. Estaba segura de que el interés por Cody era
fingido, que a quien le tenía echado el ojo era a Joe. Pues si Taylor no era honesta, ella tampoco tenía por qué serlo.
—Joe es mi capataz, nada más —contestó con aspereza—. Además, ni siquiera le gusto —estaba empezando a incomodarla aquella conversación—. La verdad es que yo
tampoco tengo hambre —le dijo levantándose—, creo que iré a ver un poco la televisión. Taylor suspiró y miró su reloj de pulsera.
—es tarde. Será mejor que vaya a buscar a los niños —murmuró.
—No creo que sea necesario —replicó Demi—. Ya vienen hacia aquí —y señaló en dirección a Joe, que se aproximaba con los chicos de la mano.
Taylor había alzado la vista, y estaba observándolos con una mirada tan anhelante, que Demi apartó el rostro molesta. ¿De veras creía Taylor que podía engañarla haciéndole pensar que era Cody quien le gustaba?
— Hasta luego —farfulló dirigiéndose hacia la casa.
Taylor ni siquiera respondió. No estaba escuchándola, en realidad sus ojos no estaban fijos en Joe, sino en Cody, que iba detrás de él y los niños, pero Demi, cegada como estaba por los celos, ni siquiera había reparado en él.
Demi había subido a echarse un poco de agua en la cara, y cuando bajó las
escaleras, la sorprendió encontrar a Joe en el salón, viendo el telediario. Parecía cansado, pero a Demi le dio la impresión de que su rostro se iluminó ligeramente al verla entrar en la habitación.
— ¿quieres un poco de limonada? —le ofreció levantando el vaso que tenía en la mano— no te imaginaba bebiendo refrescos —se mofó Demi—, pensaba que los vaqueros bebían cosas más fuertes, como el tequila.
— soy abstemio —explicó Joe—, pero no sé si porque no me gusta el sabor del alcohol o los efectos que tiene. Sus ojos verdes la recorrieron de arriba abajo, haciéndola enrojecer al recordar  lo que habían compartido días atrás.
—Yo tampoco bebo —murmuró sentándose a su lado—, supongo que porque soy tremendamente anticuada.
—Lo sé —contestó Joe sin poder reprimir una sonrisa maliciosa, se quedó callado, hasta que la pregunta que necesitaba hacerle escapó de sus labios—. ¿Cómo llevas a Linley?
—No estoy segura —farfulló removiéndose incómoda en el sofá.
— ¿no estás segura? —Repitió él enarcando una ceja—. ¿Cómo es posible? Estás
prácticamente todo el tiempo con él...
—tú también pasas mucho tiempo con Taylor— le espetó ella.
—No puedo negar eso —admitió él con una carcajada áspera—. ¿Nunca te has preguntado por qué?
—porque te atrae, obviamente —respondió Demi resoplando— no estoy ciega.
—Ya lo creo que lo estás —murmuró Joe—, más de lo que imaginas.
—Y respecto a Cody... —masculló Demi dispuesta a poner la puntilla, molesta
como estaba por su actitud—, puedo pasar el tiempo que quiera con quien quiera.
— ¿Linley y tú habéis...?
Joe no terminó la pregunta, pero tampoco era necesario. Demi enrojeció al recordar lo que había ocurrido aquella noche, o más bien lo que podía haber ocurrido. Joe , sin embargo, interpretó su azoramiento como una muestra de culpabilidad, y sintió explotar algo en su interior, estaba seguro de que aquel tipo había sido su
primer amor, y lo devoraban los celos sólo de pensar si con su vuelta la pasión se habría reavivado, si ella le habría permitido tocarla como él lo había hecho, o si le habría dejado incluso ir más allá. Sus ojos verdes relampaguearon.
— ¿cómo has podido? —escupió las palabras con amargura. Demi parpadeó sin comprender.
— ¿cómo he podido qué? Joe se puso de pie, lanzó los brazos al aire exasperado y comenzó a andar arriba y abajo por el salón.
— ¡y pensar que todo el tiempo creí que...! —de pronto se detuvo y se giró hacia ella—. ¿Sabes qué? me da igual que lo que hagas, pero no creas que podrás volver a mis brazos si Linley te deja —le advirtió en un tono cargado de veneno—. No me gustan las mujeres que son segundo plato.
Demi aspiró ofendida.
— ¿cómo te atreves? ¡Eres un asqueroso machista! —le espetó—todos los tíos sois iguales. Nos exigís que seamos castas y puras, cuando valoráis vuestra hombría por el número de mujeres con las que os habéis acostado. Vamos, Joe, ¿cuál es tu marca?
— Eso no es asunto tuyo —masculló él irritado.
— Pues lo que yo haga con Cody tampoco es asunto tuyo —replicó ella  apretando los puños. ¡Menuda arrogancia! —  no tienes derecho a meterte en mi vida.
Joe sintió deseos de arrojarle algo a la cabeza, hasta ese momento no se había dado cuenta de hasta qué punto Demi se le había metido dentro, no podía soportar la idea de que ese Linley fuera a arrebatársela, pero tampoco sabía qué podía hacer para evitarlo, y aquella ridícula idea de Demi de que sentía algo por Tay ... Taylor
le caía bien, y no podía negar que era atractiva, pero desde un primer momento la había calado y sabía que era la clase de mujer que disfrutaba atrayendo a los hombres sin pretender nada en realidad. Sin embargo, Demi era tan insegura, que los árboles no le dejaban ver el bosque.
—muy bien pues —le dijo cansado de discutir, mirándola fijamente a los ojos—haz lo que quieras, yo no voy a interferir. Como has dicho, no tengo derecho a meterme en tu vida.
Angustiada, Demi lo vio darse la vuelta y alejarse. ¿Por qué tenía que salirle todo mal? Cody no significaba nada para ella. Querría haber llamado a Joe y decirle la verdad, pero eso supondría contarle lo que había ocurrido en el pasado, y se sentiría tremendamente mortificada cuando tuviese que confesarle que había estado
persiguiéndolo sin ningún sentido de la vergüenza, que se había metido ella misma en la boca del lobo. Si le contara eso, Joe solo la despreciaría, y no creía que pudiera soportar que la mirara con desprecio. No, no podía decirle la verdad, así que lo dejó ir,
siguiéndolo con la mirada hasta el vestíbulo, donde se encontró con Taylor.
Lo escuchó reírse, y vio una expresión de auténtico deleite en el rostro de ella, no podía soportarlo iba a perderlo ante Taylor, y no había nada que pudiera hacer. Regresó como un zombi al salón, haciendo un enorme esfuerzo por no llorar.
¿Por qué había tenido que interponerse su orgullo?, ¿por qué había mentido a Joe, dándole pie a creer que había hecho el amor con Cody? ¿Cómo podía siquiera haber insinuado una cosa así cuando la realidad había sido totalmente diferente? De nuevo los recuerdos de aquella noche fatídica volvieron a su mente... en una fiesta en
el rancho, aprovechando que Ted había entrado en la casa, Cody había tenido la osadía de declarar su amor a Taylor. Ella lo había rechazado y él había bebido hasta ponerse borracho como una cuba. Un par de horas más tarde, Demi estaba ya dormida cuando Cody entró por la ventana de su dormitorio, dispuesto a obtener de ella lo
que Taylor le había negado. Saltó sobre ella e intentó forzarla pese a sus protestas y forcejeos, fue una suerte que Bella oyera sus gritos y acudiera en su ayuda.
Gracias a dios ya hacía muchos años de eso, pertenecía al pasado, se recordó. Sin embargo, de pronto cayó, frunciendo el entrecejo, en que Joe no se había referido al pasado cuando le había preguntado si había mantenido relaciones con Cody... ¡se había referido al presente! « ¡Ahora sí que la he hecho buena!», se dijo tapándose el rostro con las manos. Sin pretenderlo, había dado pie a Joe para que pensara que había compartido con Cody lo mismo que había compartido con él en la cabaña. ¡Eso era! había herido su orgullo haciéndole pensar que se había arrojado en brazos de
Cody sin el menor remordimiento después de lo que había surgido entre ellos.
Se levantó, temblando, preguntándose si tal vez pudiese alcanzarlo aún y sacarlo de su error, pero antes de llegar a la puerta del salón, se encontró con Curt y Jess que corrían por el pasillo hacia ella, mientras que Tay salía por la puerta principal del brazo de Joe, riéndose y bromeando. Ya era tarde, demasiado tarde... lo había perdido.
— ¡hola, tía Demi! —la saludaron al unísono sus sobrinos.
—ponen una película de ciencia-ficción en la tele. ¿Podemos verla? —le preguntó Curt.
—Claro, adelante —asintió ella forzando una sonrisa cuando el corazón le latía como un loco— ¿dónde ha ido vuestra madre?
—El tío Joe la lleva a la ciudad —explicó Jess—creo que a mamá le gusta.
—sí, yo también lo creo —lo secundó Curt.
De modo que ya era el «tío Joe», se dijo Demi gimiendo para sus adentros. Salió de la habitación antes de que los niños pudieran ver las lágrimas en sus ojos.
Tras ese día, Demi empezó a evitarlo de nuevo, y las pocas veces que se encontraban, él le lanzaba unas miradas tan duras y acusadoras, como si lo hubiese traicionado, que empezó a perder toda esperanza.
Tay  y los chicos se marcharon el lunes a primera hora, pero Joe y ella habían pasado juntos la mayor parte del fin de semana, y Demi  había observado que su cuñada se mostraba nerviosa y distante cada vez que Cody estaba presente. No, parecía que no estaba interesada en absoluto en él, sino en Joe. Otra esperanza que se iba a
pique...
Tras la marcha de Taylor, Cody, malhumorado, no hacía sino seguir a Demi a todas partes, preguntándole si ella comprendía por qué Taylor había estado evitándolo de aquel modo. La joven comprendió que estaba tan dolido como ella, y de algún modo sintió que aquello la reconfortaba un poco.
¡Qué caprichosos eran a veces los giros del destino!, se dijo mientras se dirigían juntos al picadero iban ver las dos yeguas nuevas que Joe había comprado. Después de lo mucho que lo había detestado, Cody estaba convirtiéndose en un amigo para ella...
—Demi, últimamente te notó muy cabizbaja.
La joven no dijo nada, sino que se apoyó en la valla de madera del picadero. Cody se colocó a su lado, apoyándose también en la valla
— sé que resulta extraño que yo, que he sido tu peor enemigo, te ofrezca mi hombro para llorar sobre él, pero las cosas han cambiado, y yo también en fin, solo quería decirte que, si necesitas hablar... aquí me tienes.
Demi alzó los ojos llenos de lágrimas hacia él, y esbozó una pequeña sonrisa. Él se la devolvió, y la atrajo hacia sí para darle un abrazo.
Era un abrazo puramente amistoso, pero a Joe, que los vio desde una de las ventanas del barracón, no le pareció amistoso en absoluto, era la primera vez en su vida que sentía algo tan fuerte como lo que sentía por Demi, y la primera vez que lo devoraban los celos, y esas emociones le resultaban difíciles de dominar. Maldijo entre dientes, salió fuera a grandes zancadas, montó sobre su caballo, y lo espoleó sin saber dónde diablos iba
— sé que resulta extraño que yo, que he sido tu peor enemigo, te ofrezca mi hombro para llorar sobre él, pero las cosas han cambiado, y yo también. en fin, solo quería decirte que, si necesitas hablar... aquí me tienes.
Demi alzó los ojos llenos de lágrimas hacia él, y esbozó una pequeña sonrisa. Él se la devolvió, y la atrajo hacia sí para darle un abrazo.
Era un abrazo puramente amistoso, pero a Joe, que los vio desde una de las ventanas del barracón, no le pareció amistoso en absoluto, era la primera vez en su vida que sentía algo tan fuerte como lo que sentía por Demi, y la primera vez que lo devoraban los celos, y esas emociones le resultaban difíciles de dominar. Maldijo entre dientes, salió fuera a grandes zancadas, montó sobre su caballo, y lo espoleó sin saber dónde diablos iba...

sábado, 25 de diciembre de 2010

Novela " Jemy " Cap 6




A la mañana siguiente, unas voces procedentes de la cocina despertaron a Demi. Parecía que Chappy y Bella estaban discutiendo. ¡Qué extraño...! se apresuró a ponerse un pantalón y una camisa de cuadros, salió al pasillo y se quedó escuchando.
— ¡No puedo imaginar cómo diablos puede habérsele ocurrido hacer algo así!— estaba gritando la gobernanta, furiosa— ya sé que no lo sabía, y sé que no sería capaz de algo tan mezquino aunque lo hubiera sabido, pero tenemos que sacarlo de aquí como sea.
—Eso es imposible —le respondió Chappy — el viejo Lovato es el único que tiene poder para contratar y despedir a los empleados del rancho, ni siquiera Demi puede hacer eso. Lo estúpido es que ninguna de las dos le dijerais nada a Jacobs. ¡Si lo hubierais hecho no tendríamos ahora este problema!
—no seas bruto, Chappy, esa clase de cosas no se cuentan a los extraños —gruñó Bella.
— ¿y qué vamos a hacer?
—no lo sé. Dame tiempo.
—muy bien, entonces esperaré vuestras indicaciones.
Demi oyó abrirse y cerrarse la puerta trasera. Chappy debía haber salido de la casa Demi se aventuró escaleras abajo, y cuando Bella la vio entrar en la cocina, se puso roja como un tomate.
— ¡Demi!, ¡qué temprano te has levantado hoy! — exclamó la mujer dirigiéndole una sonrisa forzada.
—Os he oído —contestó la joven— ¿qué es lo que sucede? ¿Tiene algo que ver con los peones nuevos que esperamos para hoy? —Le dijo mordiéndose el labio inferior— podemos mandárselos directamente a Joe para que los ponga al corriente de sus tareas, ayer estaba mucho mejor y...
—creo que será mejor que te sientes, niña.
— ¿por qué? —inquirió Demi perpleja—. ¿Qué pasa?, ¿ha contratado a Jack el destripador o qué? —bromeó, no podía comprender por qué Bella tenía esa expresión de angustia en el rostro, estaba tan feliz que le parecía que todo el mundo debía estarlo también.
—Peor —replicó Bella. Inspiró profundamente, preguntándose cómo iba a decirle lo que tenía que decirle— en fin, no tiene sentido que me ande por las ramas, los malos tragos hay que pasarlos cuanto antes mejor: Joe ha contratado a Cody Linley.
Demi se había puesto pálida, y parecía que se hubiera convertido en piedra, aquello era lo último que había esperado escuchar, se dejó caer en una silla, porque las piernas apenas la sostenían, y se notaba el pulso acelerado en la garganta la pesadilla que ya creía había superado volvía a asomar su fea cabeza.
— ¿cómo ha podido? —Musitó en un hilo de voz—. ¿Cómo ha podido darle trabajo a ese hombre?
—es imposible, Bella, Chappy y tú debéis estar confundidos.
—Me temo que no —murmuró la mujer sacudiendo preocupada la cabeza—. Por lo
que parece debe pensar que nueve años han sido suficientes para cerrar las heridas.
—las mías no —repuso Demi enfadada— me utilizó, me hizo daño, me asustó... no va a trabajar aquí de ninguna manera, dile a Chappy que lo despida inmediatamente.
—tú sabes muy bien que él no puede hacer eso, Demi y tú tampoco, tendrás que ir a hablar con Joe y explicarle lo que ocurre.
La joven se puso aún más pálida, después de lo que habían compartido el día anterior, la sola idea de tener que relatarle la humillante experiencia que había sufrido años atrás hacía que le entraran náuseas, aquello implicaría tener que explicarle que había flirteado con Cody, y que lo había perseguido sin ningún decoro
porque en realidad, aunque no le agradaba admitirlo, no había sido solamente culpa de él. Había sido incapaz de hablar de ello con Bella y Taylor, de revelarles hasta qué punto ella había sido la causante de aquello. Pero también era cierto que ella había estado enamorada de Cody, o creía haberlo estado, y por sus demostraciones
afectuosas, había imaginado que él también sentía algo por ella aquello, sin embargo, no había evitado que, cuando había irrumpido en su habitación esperando obtener su
cooperación para sacarse a Taylor, que lo había rechazado, de la cabeza apestaba a alcohol, y trató de forzarla. Sin embargo, antes de que pudiera ir muy lejos, Demi, presa del pánico, empezó a chillar, y sus gritos hicieron que acudieran Bella y Taylor.
—si le cuentas a Joe por qué no quieres a Cody aquí lo comprenderá —le dijo Bella.
Demi no estaba tan segura de eso, consideró la posibilidad de hablar con Cody, pero la sola idea de tener que volver a ver su cara la repugnaba no, nueve años no habían bastado para borrar la vergüenza y el miedo, ni había dejado de reprocharse el haberlo alentado.
—Lo intentaré —le dijo Demi saliendo por la puerta trasera.
No estaba dispuesta a contarle aquel suceso tan vergonzante, pero tal vez  hubiera otra manera.
Al llegar a la cabaña, llamó a la puerta con los nudillos, la voz de Joe le contestó desde dentro que estaba abierto, así que entró, lo encontró preparando unos huevos revueltos con bacón en la pequeña cocina.
Se volvió a mirarla brevemente, como si hubiera olvidado lo que habían compartido el día anterior o no quisiera recordarlo.
— Buenos días —la saludó con voz queda— ¿Quieres desayunar?
Aquella frialdad acabó con el poco valor del que Demi había hecho acopio camino de allí. No parecía el mismo hombre que la había besado como si no fuera a haber un mañana, tal vez se avergonzaba de haber actuado así, o quizás temiera que empezara a atosigarlo, las sombras del pasado empezaron a extender sus oscuros dedos sobre Demi.
—No tengo hambre —contestó, inspiró profundamente antes de volver a hablar— me han dicho que uno de los nuevos peones que has contratado es Cody Linley, quiero que se vaya hoy mismo.
Joe enarcó las cejas apagó el fuego de la cocina y se giró lentamente hacia ella.
—me parece que no te he oído bien.
—He dicho que quiero a Linley fuera de aquí ahora mismo —repitió ella con rigidez— no lo quiero en el rancho.
— ¿acaso crees que es fácil encontrar peones en esta época del año, cuando más trabajo hay? —Replicó Joe— de hecho, ya nos falta un hombre, y ese Linley viene muy recomendado de un rancho de Wyoming ¿y quieres que lo despida antes siquiera
de que haya empezado a trabajar? podría ponernos una demanda, y te aseguro que llevaríamos todas las de perder.
— ¿no vas a hacerlo? —le preguntó Demi con frialdad.
—no, no sin una buena razón. si no lo quieres aquí, dime al menos por qué —le espetó subrayando las últimas palabras.
A la joven le pareció que la estaba mirando como lo haría un inquisidor ¿acaso había entrevisto algo?
—somos viejos... «Enemigos» —le dijo finalmente— es la única explicación que puedo darte.
Joe sonrió de un modo burlón, y cuando contestó, su tono era frío.
—Es curioso —dijo— porque Linley me ha dicho esta mañana justamente lo contrario: que erais amigos, amigos íntimos, de hecho.
Demi se quedó allí de pie, mirando a Joe sin saber qué decir. por su tono estaba claro que creía que le estaba mintiendo, no sabía qué le habría contado Cody, pero sin duda era lo que había hecho que la actitud de Joe hacia ella hubiera cambiado tan radicalmente de un día para otro.
—Tranquila, no espero ninguna explicación —le dijo Joe sarcástico al ver que dudaba, obviamente aquel tipo había significado algo para ella, se dijo— pero no esperes que despida a un hombre solo porque fuera uno de tus antiguos amores —le espetó burlón.
Demi no dijo nada de todos modos, él la estaba mirando de un modo que decía claramente que no iba a creer una sola de las palabras que salieran de su boca, así que, ¿para qué molestarse? no la conocía lo suficientemente bien como para comprender
que nunca le pediría que despidiera a un hombre por despecho aquello era distinto muy distinto.
— ¿no vas a decir nada?
Demi sacudió la cabeza —no, perdona que te haya molestado.
Joe la siguió con la mirada, ceñudo, mientras salía de la cabaña ¿Por qué de pronto se mostraba tan sumisa cuando momentos antes había estado furiosa y exigente? ¿Qué había habido entre Linley y ella? ¿Sentiría todavía algo por él? ¿O sería otra cosa? tenía que haber insistido para que hablara.
Demi temía más que a un toro bravo, el momento en que se cruzase con Cody, y ocurrió sin previo aviso, al atardecer del día siguiente, cuando él pasó por delante del porche trasero y ella salía por la puerta.
Alzó la vista, y allí estaba... el que había sido su primer amor, o mejor, su primer encaprichamiento. Cuando lo había conocido, Cody tenía unos veinte años y entonces debía rondar ya los treinta. El cabello castaño mostraba las primeras canas en las sienes, pero fue en su rostro donde Demi vio reflejado el mayor cambio: parecía que
hubiera envejecido veinte años en lugar de diez, y la imborrable sonrisa que recordaba se había borrado.
—Hola, Demi —la saludó con voz queda.
La joven no se movió, aunque por dentro dio un respingo, ver a Cody le recordaba su estúpido comportamiento del pasado y la hacía pensar en las terribles consecuencias que podía haber acarreado, era la prueba andante de que su autodominio no era más que un mito, y eso no le hacía ninguna gracia.
—Hola, Cody—contestó con aspereza.
—supongo que ya habrás dado orden de que me echen cuanto antes —le dijo él.
Demi no se había esperado aquello en absoluto— en cuanto me enteré de que estabas al cargo del rancho, estuve seguro de que había cometido un error al aceptar el trabajo, sin contarle la verdad a tu capataz —al ver que Demi no decía nada, Cody frunció ligeramente el ceño— ¿no te molesta que esté aquí?
—por supuesto que me molesta —replicó ella, sus ojos relampagueaban— me molesta porque me recuerda lo estúpida que fui y que me utilizaste, pero aquello ya no me afecta —mintió— quédate con el trabajo no me importa nada.
Cody se quedó escrutando su rostro largo rato y, al reparar en lo descuidado del aspecto de la joven, una sombra de tristeza cruzó por sus facciones.
—sé que no me creerás, pero me sentí muy mal por lo que ocurrió, y aún me pesa sobre la conciencia.
Parecía sincero, y en efecto daba la impresión de que a lo largo de aquellos nueve años se hubiera arrepentido. Demi no sabía qué decir.
—¿cómo está Taylor? —inquirió Cody.
Demi lo miró suspicaz de algún modo había intuido que una de las razones de Cody para querer trabajar en el rancho era la viudez de su cuñada se preguntó cómo reaccionaría ella al enterarse.
—le va muy bien vive con sus hijos en Tucson, y a veces vienen aquí a pasar el fin de semana.
—me enteré de lo de tu hermano —dijo Cody— lo siento mucho Demi. Ted siempre me pareció un gran tipo, y me detesto a mí mismo por el modo en que traicioné su confianza.
—Por suerte él nunca supo lo que tú sentías por Taylor—repuso Demi con aspereza— y ahora si me disculpas...
—Has cambiado mucho —le dijo Cody de pronto, antes de que se diera la vuelta— al principio no te había reconocido con esa forma de vestir.
La joven enrojeció de vergüenza y de ira al recordar la ropa tan ajustada que solía llevar años atrás para atraer su atención.
—todos cambiamos con el tiempo —masculló.
—no tanto como tú —murmuró Cody. Había un matiz de lástima en su voz. Demi sintió deseos de sacudirlo y decirle que
la dejara sola no quería su compasión.
— Ted debió pegarme una paliza por lo que te hice —farfulló Cody bajando la vista— me lo merecía.
Y antes de que Demi pudiera contestar, giró sobre los talones y se alejó.
Aquel hombre no se parecía en nada al Cody Linley que Demi había conocido, ya no había en él chulería ni arrogancia. Había madurado, y daba la impresión de que había dejado atrás su época de donjuán en cualquier caso, estaba segura de que a
Taylor le daría un ataque cuando se enterara de que estaba trabajando en el rancho.
Bella debía pensar lo mismo, ya que, mientras llevaban los platos de la cena a la cocina, le dijo a Demi que tal vez debería llamar a Taylor y decírselo.
—No pienso hacerlo —replicó Demi con firmeza— pronto se enterará por ella misma, viene este fin de semana con los chicos.
—Le va a sentar como un tiro —suspiró Bella meneando la cabeza.
—Pues que se queje a Joe —le espetó Demi— no fui yo quien lo contrató.
— ¡Demi!
La joven dio un respingo al escuchar la voz de Joe detrás de ella parecía
irritado, y llevaba en la mano unas cuantas facturas.
—Demi , tenemos que hablar.
La joven soltó la bayeta sobre la encimera y lo siguió al pequeño estudio que le habían dado a Joe a modo de despacho al final del pasillo. La superficie de la mesa estaba casi cubierta por un mar de papeles. A petición del tío de Demi, Joe había estado revisando los libros de cuentas, tratando de poner algo de orden en el caos total en que los tenía la joven.
—Estos —le dijo indicando unos cuadernos—, son los nuevos libros de cuentas en uno anotaremos los ingresos y en otro los gastos con sus correspondientes facturas, y a partir de ahora, cada adquisición que se haga en este rancho, tendrá que contar con mi permiso. Hará falta una orden de compra aunque sea para aguja e hilo las órdenes de compra están aquí —le dijo mostrándole una carpeta—, y las voy a guardar en este cajón, del que solo yo tengo llave.
— ¿por qué?
Joe hizo un gesto para indicarle que se sentara, mientras que él se apoyó en una esquina del escritorio y encendió un cigarrillo le tendió las facturas que tenía en la mano —Échales un vistazo la joven frunció el entrecejo, pero las tomó y empezó a leerlas.
—unas espuelas —farfulló leyendo en voz alta—, una silla de montar nueva... —
alzó la vista confusa hacia Joe— un momento, yo no he autorizado la compra de estas
cosas —exacto, tal y como has llevado el negocio hasta ahora, cualquiera de los peones podía ir a la ciudad y comprar lo que le viniera en gana, cargándolo al rancho sin necesidad de ninguna autorización es el resultado de dar carta blanca a tus empleados.
— ¿quién compró estas cosas? —exigió saber Demi enfadada.
—Marlowe.
— ¡ese...! se acabó, pienso despedirlo...
—ya lo he hecho yo —contestó Joe— ha sido una suerte que contratara a esos dos nuevos peones — le dijo— por cierto... —añadió mirándola con los ojos entornados — esta mañana te he visto hablando con Linley imagino que ya no supone un problema: no has vuelto a decirme nada.
Demi no quería hablar de eso con él.
—Creo que podremos arreglar las cosas —farfulló vagamente,
los ojos verdes de Joe brillaban malhumorados.
—bien mientras mantengáis el flirteo fuera de las horas de trabajo, me da igual lo que hagáis.
Demi contrajo el rostro dolida si supiera cuánto daño le hacía con su indiferencia... bajó la vista incómoda.
—me gustaría que alguien me acompañara a esa excursión de varios días a caballo con los huéspedes le dijo, cambiando de tema— uno de los hombres del grupo, el señor Coba, no me deja en paz ni a sol ni a sombra.
—Lo sé —murmuró Joe— vi cómo te daba la lata en el último baile de cuadrilla, se van el jueves, ¿no es así? —la joven asintió— bien, iré contigo a menos que prefieras que te acompañe Linley... — añadió con una sonrisa burlona.
Demi querría haberle replicado, pero decidió no picar el anzuelo.
—Me es igual —contestó.
Aquella no era en absoluto la respuesta que Joe quería haber oído de sus labios.
Apagó malhumorado el cigarrillo en un cenicero que había sobre la mesa.
—Muy bien, pues entonces puede acompañarte Linley—le dijo— yo ya estoy bastante atareado como para hacer también de niñera.
Lo había dicho para molestarla, y consiguió su propósito Demi se levantó y salió por la puerta sin decirle otra palabra.
Tal vez las cosas se habrían arreglado si hubieran podido hablar, pero los días que siguieron, no volvieron a encontrarse un instante a solas sin embargo, eso no evitó que Joe no desaprovechara cualquier ocasión para lanzarle puyas.
Sin embargo, lo que más mortificada tenía a Demi era que a Cody Linley no solo no pareció importarle tener que acompañarla a la excursión a caballo, sino que además, tuviera la impresión de que le agradaba su compañía, por callada y mohína que se mostrara con él no podía comprender el porqué, y la exasperaba el darse cuenta de
que estaba empezando a perdonarlo, pero aún menos podía entender el reciente antagonismo de Joe.