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jueves, 14 de abril de 2011

NILEY ♥"En tu kma o en la mia?"♥ Cap 22 FINAL


Hola chicas ak les dejo el final de la nove... espero q les guste... va dedicado a toda uds... q siguieron la nove  ... también quería q me dijeran si a la próxima nove quieren q sea d NILEY, JEMI o KANIELLE...o una d cada una... bueno espero sus opiniones...un beso inmenso las quiero muchisimoo  ;) disfruten el cap... :P



La música se elevaba en la cálida noche festival, fundiéndose con el rítmico sonido de las olas. Miley estaba sentada en la arena, contemplando las luces de las casas en la orilla opuesta. Intentó localizar alguna luz de Havenwoods, pero no sabía la localización exacta de la cabaña.
Hacía seis años que no visitaba el lago en verano, y había olvidado la paz que se respiraba por la noche. A lo lejos, una lancha motora surcaba las tranquilas aguas, haciendo que una pareja de patos emprendiera el vuelo.
Miley siempre había creído que Nueva York era el mejor lugar del mundo para vivir. Pero su regreso a North Lake le había hecho apreciar los encantos de aquel entorno tranquilo y bonito, tan lejos del bullicio de la ciudad. Y Nick vivía allí, al menos unos cuantos días a la semana.
Durante la noche, habían charlado entre ellos de vez en cuando antes de ponerse a hablar con otros invitados. Miley estaba muy agradecida por el tiempo y la protección que le ofrecía su familia contra la tentación de irse a la cama con Nick. La idea era muy tentadora, pero había buenas razones para no hacerlo.
—Pensé que te encontraría aquí.
Miley dio un respingo, sobresaltada al oír su voz. Nick se sentó junto a ella en la arena y se quitó las sandalias.
—Prefiero este lugar en verano —dijo.
Miley tomó aire y lo soltó lentamente. El corazón le latía con fuerza y la garganta se le había secado. Era el momento de decírselo.
—Nick, tengo que decirte algo.
—Yo también. He estado esperando…
—No —lo interrumpió ella—. Yo primero. Cuando te hice aquella proposición hace once años, creía que era lo bastante mayor para aceptar las consecuencias. Hiciste lo correcto al rechazarme. Desde entonces te he guardado un rencor absurdo —volvió a respirar hondo—. Ahora voy a hacerte otra proposición, y te prometo que no me enfadaré si la rechazas.
— ¿Sabes lo mejor del verano? —preguntó él.
Miley se volvió para mirarlo. ¿No quería oír lo que tenía que decirle?
—Nick, estoy intentando…
—Nadar. El agua ya está lo bastante cálida, especialmente en la orilla de Havenwoods. El viento sopla del oeste y empuja las corrientes cálidas hacia la orilla este —se levantó y empezó a desabotonarse la camisa—. Aunque no creo que aquí esté demasiado fría para bañarse desnudos…
Miley ahogó un gemido mientras él seguía quitándose la ropa. Su cuerpo relucía a la luz de la luna, fuerte y poderoso. Un estremecimiento le recorrió la espalda, y tuvo que apretar los puños para no tocarlo.
Nick acabó de desnudarse por completo y esperó.
—No te puedes bañar desnuda con ropa.
—No voy a meterme en el agua —dijo ella.
—Vamos. Podemos hablar mientras nadamos.
Ella negó con la cabeza.
—No. ¿Quieres que me congele?
Nick echó a correr hacia el agua, ejecutó un salto perfecto y su cuerpo se sumergió sin apenas hacer ruido. Volvió a emerger a tres metros de la orilla, manteniéndose de puntillas en el fondo.
—Vamos, Miley. Yo haré que entres en calor.
—Hay mucha gente en la casa. ¿Y si baja alguien?
—Podemos ocultarnos bajo el embarcadero.
—Lo dices como si ya lo hubieras hecho…
Nick se echó a reír y nadó hacia el embarcadero.
—No, pero era una de mis fantasías juveniles. Siempre nos imaginaba a los dos haciendo esto. Desnudándonos, jugando en el agua y nadando juntos. Me encantaba aquella fantasía. Y me sigue encantando —metió la cabeza bajo el agua y se echó el pelo hacia atrás—. Vamos, Miley. Aquí podrás decirme todo lo que quieras.
—Estás loco.
—Estoy loco por una mujer increíblemente sexy —replicó él—. ¿Y tú?
Miley sonrió.
— ¿Está fría?
—No —respondió él—. Bueno, un poco, tal vez. Pero se puede soportar si te mantienes en movimiento. Vamos, Miley Cyrus. Siempre aceptabas mis desafíos, por atrevidos que fueran. ¿Desde cuándo eres tan cobarde?
Ella se levantó, se agarró el bajo de la camisa y se la quitó por encima de la cabeza. A continuación se quitó las sandalias y se bajó la falda por las caderas. Se quedó en ropa interior y Nick nadó hacia atrás, pero en vez de correr hacia el agua, echó a andar lentamente.
—Quítatelo todo —ordenó él.
Miley soltó un gemido de exasperación y se quitó el sujetador.
— ¿Satisfecho?
—No del todo.
Se quitó las braguitas a regañadientes y las apartó de un puntapié. Entonces aguantó la respiración y se metió en el agua. No estaba fría. Estaba helada. Avanzó hasta que le llegó por las rodillas y entonces se sumergió por completo, para emerger un segundo más tarde, tosiendo y jadeando.
Un momento después, Nick la estaba agarrando por la cintura y alejándola de la orilla.
—Oh, Dios mío. Si estuviera un poco más fría, podríamos jugar al hockey sobre hielo.
Estuvieron balanceándose durante un rato, y Miley se sorprendió al comprobar que su cuerpo se iba aclimatando. En poco rato, el aire parecía más frío que el agua.
— ¿Lo ves? —dijo Nick. Ella le rodeó el cuello con los brazos y él deslizó las manos hasta su trasero—. Así está mucho mejor. Y ahora, dime lo que querías decirme.
— ¿Por qué he tenido que meterme en el agua para hacerlo?
—Porque no puedes decirme que no quieres volver a verme mientras estemos nadando desnudos.
Miley se apartó de él y le arrojó agua a la cara.
—Quiero verte —dijo—. No quiero volver a separarme de ti —se estremeció y los dientes empezaron a castañetearle—. He dejado mi trabajo y he alquilado mi apartamento. Dentro de unos días no tendré ningún sitio donde vivir. Pero tenía la esperanza de que quisieras compartir Havenwoods conmigo. Podría ayudarte con las reformas.
— ¿Estamos hablando de algo permanente? ¿Para siempre?
—Sí… si tú quieres.
—No hay nada que deseara más —dijo Nick.
— ¿En serio? —preguntó ella—. ¿Estás seguro?
—Desde que te fuiste no he vuelto a ser feliz. Estaba preparándome para trasladarme a Nueva York.
—No es necesario —dijo ella, levantando la vista hacia el cielo estrellado—. Éste es nuestro sitio.
Nick la apretó contra él y le frotó la espalda.
—Entonces… supongo que vamos a estar juntos —murmuró, rozándole los labios con los suyos.
—Así es —afirmó Miley. Le pasó los dedos por el pelo y sus bocas se fundieron en un beso largo y apasionado.
De repente, ya no tenía miedo de nada. Amar a Nick era lo más natural del mundo. Siempre había sido así, desde que empezó a verlo como el chico de sus sueños. Ya fuera por el destino o la buena suerte, había encontrado a un hombre al que podía amar.
— ¿Cuánto tiempo tenemos que quedarnos en el agua? —preguntó, sin poder evitar el castañeteo de sus dientes.
—Podríamos echar una carrera hasta el cobertizo de las barcas. Nadie nos encontrará allí.
Miley pensó en la cama con sus cálidas mantas y asintió. Quería acostarse con Nick y dejar que la calentara y excitara con su cuerpo.
—No pasaría nada si alguien nos viera. En algún momento tendremos que decírselo a nuestras familias, ¿no crees?
—Quizá deberíamos hacer lo mismo que Joe y Demi.
Miley volvió a besarlo.
—Ya sabes que si se lo decimos a nuestras madres, querrán prepararnos una boda por todo lo alto. No pudieron hacerlo con Joe y Demi.
—Siempre podemos casarnos en Nueva York y pasar la luna de miel en algún hotel con encanto. Luego alquilaríamos una furgoneta y traeríamos tus cosas.
—Me gusta ese plan —dijo ella, sonriendo.
Aquél era el inicio de su vida juntos, en el mismo lugar donde casi había acabado todo seis años atrás. Era mejor así, pensó Miley. Tenía que ser así. Y al cabo de muchos años, cuando estuvieran sentados en la orilla y contemplando las aguas del lago, recordarían la noche de su decimoctavo cumpleaños. Pero también recordarían la noche en que se bañaron desnudos y decidieron que se amarían para siempre.

                                                                         
                                                                                     Fin

miércoles, 13 de abril de 2011

NILEY ♥"En tu kma o en la mia?"♥ Cap 21


hola este es el penultio cap espero q les gustee.. jejeje y este va dedicado a Valee jeje un beso grande para todas.. las kieroo mañana subo el ultimo cap... :P


Nick estaba de pie junto al embarcadero de Havenwoods con el agua por los muslos.
—Debe de tener cincuenta años, por lo menos —le gritó a Joe.
— ¿Cómo lo sabes?
—Parece muy vieja —respondió, mirando la motocicleta oxidada sumergida a un metro de profundidad. Nick había decidido limpiar la orilla para poder bañarse cuando empezara el calor.
— ¿Puedes traer el todoterreno hasta aquí? —preguntó Joe—. Quizá puedas sacarla del agua.
Nick se pasó la mano por el pelo y miró hacia la orilla.
—No, seguramente se haría pedazos. Está muy oxidada.
—Podemos traer la lancha de papá y remolcarla hasta el centro del lago.
Nick le lanzó una mirada de reproche.
—Eso no sería muy ecológico.
—Pero sería más sencillo —replicó Joe.
—Ve a la cocina y trae esa cuerda que compré. Intentaremos arrastrarla hasta la orilla y sacarla del agua.
Se agachó e intentó desenterrar la rueda trasera de la arena con las manos. Pero no podía alcanzar el fondo sin sumergirse. Se llenó de aire los pulmones y metió la cabeza bajo el agua.
Cuando se le acabó el oxígeno, volvió a emerger y se apartó el pelo del rostro. Levantó la mirada hacia la orilla en busca de Joe, pero fue otra persona a quien vio bajando por el sendero.
—Demi —murmuró, preguntándose cuánto podría ayudarlo.
En los últimos meses, había pensado en Miley cada vez que veía a Demi. Las dos hermanas se reían y movían de una forma similar, e incluso se parecían un poco físicamente. Nick se había sorprendido en más de una ocasión mirando los ojos y la boca de Demi, que tantos recuerdos le traían de Miley. Había intentando olvidarla y seguir con su vida, pero Demi era un recordatorio constante. Y tendría que soportarla durante todo el verano, en Acción de Gracias, en Navidad y en todas las demás fiestas que los Jonas y los Cyrus pasarían juntos.
Debería estar agradecido por que Miley se quedase en Nueva York, aunque tendría que verla una o dos veces en Navidad. Aún quedaban siete meses para eso, y para entonces ya podría verla sin recaer en ninguna fantasía sexual.
—Demi, dile a Joe que se dé prisa. No voy a quedarme todo el día esperándolo en el agua.
Demi se detuvo en la orilla, observándolo con una mano protegiéndose del sol. Tenía el pelo recogido, pero cuando se giró, Nick atisbo un brillo rojizo y una cola de caballo. Ahogó un gemido en la garganta.

—¿Miley?
Ella se acercó un paso más, y en aquel momento Nick supo que era ella. Se había preguntado miles de veces cómo reaccionaría cuando volviera a verla, y ahora lo sabía. Fue como recibir un puñetazo en el estómago que lo dejó sin respiración.
A medida que se acercaba, pudo distinguir sus rasgos. Miley lo miraba con suspicacia, y Nick supo que estaba tan nerviosa como él. Sólo habían pasado tres meses… a paso de tortuga… pero ahora parecía que el tiempo se había detenido. Nick se obligó a sí mismo a respirar y avanzó lentamente hacia la orilla.
—He venido por la fiesta de Demi —dijo Miley.
A Nick le gustó que su reencuentro la afectase a ella tanto como a él. Prueba de ello era que no se le ocurría nada más interesante que decir.
—Me lo figuraba.
—Pensé que sería mejor si nos veíamos antes. No… no quería sorprenderte… de esta manera.
Él asintió, recorriendo su apetitoso cuerpo con la mirada. Al instante, sintió cómo una ola de calor se concentraba en su entrepierna. No había tenido sexo con nadie desde que ella se marchó, y por primera vez en tres meses volvía a sentirlo. Gracias a Dios llevaba unos pantalones lo suficientemente holgados para ocultar la erección.
—Buena idea —murmuró—. ¿Cómo has estado este tiempo?
—Muy bien —respondió ella—. Ocupada. Quería llamarte, pero…
Él esperó un rato, preguntándose si ella acabaría la frase. Al no ser así, decidió intentarlo.
—Pero ¿tal vez tenías el teléfono enterrado bajo una montaña de papeles? ¿O estabas en coma en algún hospital? ¿O quizá estabas en alguna misión de la CÍA?
Una tímida sonrisa asomó a los labios de Miley.
—Pero no sabía lo que quería decir —concluyó—. Y sigo sin saberlo.
—Podrías decirme que me has echado de menos —sugirió Nick—. Sería un buen comienzo.
—Muy bien. Te he echado de menos. Mucho.
Nick salió del agua y se acercó a ella.
—Cuando dos personas se encuentran después de tanto tiempo, normalmente se dan un beso. Sobre todo si se han echado de menos. Creo que es una tradición —se inclinó hacia delante y le rozó los labios con los suyos.
Su intención había sido darle un beso casto y platónico. Pero en cuanto sus bocas entraron en contacto, una corriente de deseo ardió entre ellos, tan fuerte como un relámpago en una tórrida noche veraniega.
La agarró por la cintura y tiró de ella hacia él para besarla de nuevo, esa vez con más pasión que antes. Ella se rindió al asalto, como si también estuviera desesperada por devorarlo.
Le recorrió el cuerpo con las manos, palpando aquellas curvas tan familiares. Miley llevaba una camisa de algodón y una falda ceñida. Sin decirle nada, Nick la agarró de la mano y la llevó hacia la cocina.
Una vez dentro, fue al cuarto de baño y agarró una toalla para secarse el pelo y el pecho. Entonces se quitó los zapatos mojados y se enjuagó los pies en la ducha. Ella esperaba en el centro de la habitación, mucho más hermosa de lo que él la recordaba.
—Es extraño —dijo—. Me siento como me sentía el primer día de las vacaciones de verano, cuando te veía después de todo un año. Nunca sabía lo que debía decir. Cada verano, me pasaba horas pensando en un saludo ingenioso.
—Deberías haberme besado —dijo ella.
—Ahora puedo verlo —cruzó la habitación y le rodeó la cintura con los brazos—. ¿Cómo has estado? Y no me hables de trabajo.
—He estado… confusa —admitió Miley—. Supongo que es la mejor manera de definirlo. Pero he empezado a simplificar mi vida.
—Te he echado de menos, Miley. No tengo miedo de reconocerlo.
—Me alegro —murmuró ella, y le puso una mano temblorosa sobre el pecho. Le recorrió con los dedos el vello que descendía hacia el vientre y Nick cerró los ojos para deleitarse con su tacto.
Quería desnudarla y llevarla a la cama, para demostrarle que el deseo seguía vivo entre ellos. La miró a los ojos y supo que no podría rechazarlo. Pero el sexo no solucionaría sus problemas. Tenían que encontrar una manera de estar juntos, y no sólo físicamente.
— ¿Cuánto tiempo vas a quedarte?
Miley se encogió de hombros.
—Aún no lo he decidido. No sabía cómo irían las cosas… Tengo que estar de vuelta el jueves. Así que… cinco o seis días.
—Podemos buscarnos muchos problemas en cinco o seis días —observó él.
—En el caso de que queramos problemas —replicó ella—. Quizá deberíamos tomarnos las cosas con un poco más de calma —dio un paso atrás y se alisó la falda con las manos—. Tengo que irme. Le prometí a mi madre que la ayudaría a hacer los pasteles para la fiesta de Demi.
—Supongo que te veré esta noche.
Miley asintió.
—Sí. Nos veremos esta noche.
Nick no estaba dispuesto a dejarla marchar sin un último beso. Volvió a agarrarla de la mano y tiró de ella, pero aquella vez se aseguró de que el beso pudiera transmitirle sus sentimientos, rezagándose en su boca y recorriéndole el labio inferior con la lengua. Al acabar, la acompañó al exterior y vio cómo se subía al coche.
Unos momentos después, Joe rodeó la esquina de la cocina. Miró a Miley y le devolvió el saludo que ella le hizo con la mano.
—Tiene buen aspecto —dijo.
—Desde luego —corroboró Nick.
—Me alegra que haya aceptado la invitación.
Nick frunció el ceño.
— ¿La invitaste tú?
—Sí. La vi cuando estuve en Nueva York para la entrevista en la facultad de Derecho. Le dije que la echabas de menos y que no podías vivir sin ella. Parece que ha funcionado, ¿eh?
A Nick se le escapó una maldición.
— ¿Por qué demonios le dijiste eso?
—Porque es la verdad —dijo Joe, sacudiendo la cabeza—. Tenéis que dejar de fingir que no os queréis —se rió—. Demi y yo deberíamos encerraros sin ropa ni zapatos. A lo mejor así entrabais en razón.
—Encerrarnos desnudos no solucionaría nada. Estamos muy bien sin ropa… El problema es cuando estamos vestidos —agarró la cuerda que le tendía Joe y echó a andar hacia el lago—. Y no te metas en mis asuntos, ¿de acuerdo? Puedo arreglármelas yo solo.
—Eh, tú me ayudaste con Demi. Sólo te estoy devolviendo el favor.
Nick se echó la cuerda al hombro. No estaba enfadado con Joe. Las intenciones de su hermano eran buenas, y en aquel momento necesitaba toda la ayuda que pudiera conseguir. No sabía cómo arreglar las cosas con Miley, pero iba a intentarlo.
Y si no lo conseguía antes del jueves, entonces vendería todas sus cosas y se iría a vivir a Nueva York.


martes, 12 de abril de 2011

NILEY ♥"En tu kma o en la mia?"♥ Cap 20


hola chica ak les dejo el cap 20 espero q les gustee un besooo muuy grand las kierooo :)


Las fotos de la boda habían llegado en el correo del día anterior, pero Miley no tenía valor para abrirlas. Había metido el sobre acolchado en su bolso al salir de su apartamento y ahora lo tenía sobre su escritorio de su despacho.
Sabía lo que encontraría en su interior… fotos felices con rostros sonrientes, como si todos estuvieran pasando el mejor momento de sus vidas en la boda y en el banquete. Pensó en aquella noche. Había sido una boda preciosa y romántica, pero también había sido una de las peores noches de su vida. Peor incluso que la noche en que Nick la rechazó en el lago. Después de hacer el amor con Nick, había vuelto a la habitación de Demi y se había metido en la cama. Pero había sido incapaz de conciliar el sueño, y se había pasado horas mirando al techo, pensando en lo que había sucedido entre ellos.
Las palabras lo habían cambiado todo. La primera vez que Nick las pronunció, ella las había desestimado como una simple expresión de su afecto. Pero la segunda vez había sido algo más. Había sido una promesa. Una promesa que ella quería corresponder.
Hasta ese momento, había intentado ver su relación desde la perspectiva adecuada. Sólo había sido un idilio amoroso, una aventura con un comienzo y un final. Pero entonces Nick había tenido que estropearlo todo. Y ella lo había empeorado todo aún más al responderle con el mismo sentimiento.
Todo había quedado sin resolver. Había cerrado un capítulo abierto de su vida al acostarse con Nick. Pero su breve relación no había sido un final, sino un nuevo comienzo, y Miley se sorprendía imaginándose un futuro con él. No sólo un fin de semana de vez en cuando, ni unas vacaciones ocasionales cuando ambos tuvieran tiempo. Pensaba en algo permanente que pudiera durar toda su vida. Y la única forma de conseguirlo era casándose con Nick.
Abrió cuidadosamente el sobre y sacó las fotos. Habían pasado tres meses, pero recordaba cada momento como si fuera del día anterior. Pasaba noches en vela imaginándose a Nick junto a ella… sobre ella… dentro de ella. Y se preguntaba si él también estaría pensando en lo mismo.
Había estado a punto de llamarlo en incontables ocasiones. Pero entonces recordaba la actitud de Nick en la boda… atento y cortés, pero distante. Le estaba ofreciendo una vía de escape, y ella había sido lo bastante cobarde para tomarla.
Ojeó las fotos hasta que encontró una en la que ella y Demi estaban sentadas a una mesa, con Nick de pie cerca de ellas, observándolas con una media sonrisa. Encontró otra donde él la estaba observando fijamente, y otra más. No se había dado cuenta, pero en casi todas las fotos Nick la estaba mirando con una expresión de… ¿de qué?
Sacudió la cabeza y dejó las fotos para mirar la foto de sus padres que tenía en su mesa. Allí estaba. La misma expresión en el rostro de su padre. Estaba sentado junto a su madre en un picnic, ella sonreía a la cámara y él le sonreía a ella. Era amor, adoración y profundo respeto en la misma mirada.
Respiró hondo y se volvió hacia la pantalla del ordenador. Llevaba todo el día trabajando en un comunicado de prensa y sólo había conseguido acabar el primer párrafo. Debía acabarlo para aquella misma tarde, pero no encontraba la inspiración para anunciar la fusión de dos periódicos.
— ¿A quién le importa? —se preguntó a sí misma, seleccionando el texto con el ratón para borrarlo—. ¿Qué más le dará a la gente quedarse con un solo periódico en lugar de dos? Dentro de unos meses nadie se acordará de esto.
Desde que volvió a Nueva York le había costado mucho concentrarse en el trabajo. Cada vez se irritaba más por los encargos que le asignaban, con su jefe subiéndose por las paredes porque el público no sabía que las patatas fritas de un popular establecimiento de comida rápida estaban hechas con una nueva mezcla de especias.
Delegaba en sus ayudantes todas las tareas posibles y se pasaba el día consultando en Internet los anuncios inmobiliarios de Chicago. No sabía por qué lo hacía, pero se sentía como si estuviera consiguiendo algo. También había tomado la costumbre de ver las fotos de su infancia, intentando averiguar cuándo se había enamorado de Nick.
Levantó una mano y se tocó el cuello con la punta de flecha. Le había parecido ridículo ponérselo después de tantos años, pero era otra de las cosas que la hacían sentirse mejor.
El verano se acercaba y el hielo del lago estaría empezando a derretirse. Los árboles volverían a estar verdes y muy pronto el agua estaría lo bastante cálida para bañarse.
De pronto empezó a sentir aquel temblor tan familiar. La misma sensación de anticipación que siempre había tenido de niña. El verano parecía extenderse ante ella, colmado de promesas y emociones. De Nick Jonas.
¿Por qué no ir allí? Podía permitirse otra semana de vacaciones una vez que acabara el proyecto que tenía entre manos. Nick estaría seguramente allí, trabajando en Havenwoods.
Había fantaseado muchas veces con el momento de volver a verse. Y en todas sus fantasías se arrojaban uno en brazos del otro y todo cobraba sentido de repente.
Siempre había usado su trabajo como excusa. Como una razón muy conveniente para evitar el compromiso. Pero su carrera profesional había dejado de importarle. Si quería trabajar, podría encontrar un trabajo en cualquier parte. Tenía talento de sobra y conocía el mundo de las relaciones públicas mucho mejor que todos sus colegas.
Entonces, ¿por qué no lo hacía? Podía ir al despacho de John Lewis y presentar su dimisión en aquel mismo momento. Podía recoger las cosas de su mesa, tomar un taxi para ir a casa y hacer el equipaje. En menos de un día podría darle un giro radical a su vida y empezar de nuevo. Tiempo atrás un pensamiento semejante la habría aterrorizado. Pero ahora le resultaba una idea infinitamente tentadora.
El zumbido del interfono la sobresaltó.
— ¿Sí?
— ¿Señorita Cyrus? Hay alguien que quiere verla —dijo su secretaria.
— ¿Quién es?
—No puedo decírselo. Es una sorpresa. ¿Puedo hacerle pasar?
— ¿Hacerle? ¿Es un hombre? —preguntó, tragando saliva.
—Alto, moreno y atractivo. Dice que es pariente suyo.
— ¿Sonrisa torcida y ojos marrones?
—En efecto, señorita Cyrus.
Miley tomó aire rápidamente.
—Dame dos minutos.
Se levantó de un salto y agarró el bolso para correr hacia el espejo que tenía en la puerta del despacho. ¡No era así como debía suceder! Necesitaba más tiempo, otro corte de pelo, un vestido bonito, lencería sexy…
Nick le había comentado que a veces iba a la Costa Este por negocios. Pero ¿por qué no la había llamado antes?, se preguntó mientras se aplicaba un poco de carmín y se quitaba la cinta del pelo. No había necesidad de esmerarse tanto. Tal vez Nick temía que ella se negara a verlo. Gimió débilmente. ¿Qué iba a decirle cuando lo viera? ¿La besaría? ¿O sería una situación tensa e incómoda?
Llamaron a la puerta y Miley dio un salto hacia atrás, dejando caer el pintalabios. Lo apartó de una patada y arrojó el bolso a una silla.
—Muy bien —susurró—. Puedo hacerlo. No sabe que he estado pensando en él durante los últimos tres meses. Lo único que supone es que he seguido adelante con mi vida.
Se dispuso a abrir, preparándose para recibir el impacto. Sabía que sería devastador. Pero cuando abrió la puerta, la invadió una profunda decepción.
—Joe —dijo, obligándose a sonreír.
El hermano de Nick le sonrió y levantó las manos.
— ¿Sorprendida?
—Pues claro. ¿Qué haces aquí?
—Voy de camino a Boston para ver a Demi. Tengo una entrevista en la facultad de Derecho de Columbia.
— ¿La facultad de Derecho? ¿Aquí en Nueva York?
—Pensé que, ya que estaba aquí, podía pasarme a ver a mi cuñada favorita —entró en el despacho y miró a su alrededor—. Vaya lujo… Así que esto es el despacho de una socia. Tal vez debería plantearme las relaciones públicas en vez del Derecho.
—Todo es pura fachada —dijo Miley.
Lo miró fijamente mientras Joe se paseaba por el despacho. Hasta ese momento no se había dado cuenta de lo mucho que se parecía a Nick. Sólo con mirarlo volvía a atormentarla el recuerdo de su sonrisa, del brillo de sus ojos… Alejó esos pensamientos de su mente y se apartó de la puerta.
—Siéntate.
—Pensaba que podríamos salir a cenar —sugirió Joe, mirando su reloj—. Son casi las siete. ¿No tienes hambre?
—Tengo que acabar un proyecto y la gente no para de llamar. No puedo irme. Pero quédate un rato y le pediré a mi secretaría que nos traiga unos sándwiches —le sonrió a Joe mientras él tomaba asiento—. Pareces muy maduro con ese traje. Un hombre centrado y casado.
Joe le enseñó la mano con el anillo de boda.
—Gracias a Nick y a ti. De no haber sido por vosotros, no creo que pudiéramos haber superado los tres primeros meses de matrimonio.
Miley sintió que se ruborizaba.
— ¿Cómo puedes decir eso? Casi echamos a perder vuestra boda.
—Nos hicisteis un favor. Demi y yo íbamos a casarnos como un par de ingenuos. Vosotros hicisteis que nos detuviéramos a pensar en lo que estábamos haciendo. Fuisteis mejores que cualquier asesor matrimonial.
—Eso sólo lo dices porque todo ha salido bien.
Joe estiró las piernas y juntó las manos a la nuca.
— ¿No vas a preguntarme?
—Lo siento —murmuró Miley—. ¿Cómo está Demi?
—No me refiero a Demi —dijo él, mirándola a los ojos—. Me refiero a Nick.
—De acuerdo. ¿Cómo está Nick?
—No está muy bien desde que te fuiste. Te echa de menos.
—Yo también le echo de menos —admitió ella—. Somos buenos amigos. Fue muy bonito verlo después de tanto tiempo.
—Sois más que buenos amigos —dijo Joe.
— ¿Qué quieres decir?
—Nick y yo nos emborrachamos una noche viendo un partido de los Bulls y me lo contó todo.
— ¿Todo?
— ¿Puedo darte un consejo? —preguntó Joe—. No tienes por qué seguirlo, pues sabes mejor que yo lo que quieres. Pero creo que Nick y tú estáis hechos el uno para el otro. Sois como un equipo. Vosotros fuisteis la causa de que Demi y yo nos enamorásemos.
— ¿Cómo es posible?
—Los dos envidiábamos la amistad tan especial que os unía. Erais iguales en todo. Demi y yo queríamos algo así, y lo encontramos cuando empezamos a salir —hizo una pausa—. Demi es preciosa, inteligente y divertida, naturalmente, pero fue la amistad lo que selló el compromiso. Hacen falta años para construir una relación como ésa, y vosotros dos ya la tenéis. Contáis con una gran ventaja.
—Pero la amistad no siempre se convierte en amor.
—Nick te ama —dijo Joe—. Y creo que tú también lo amas. Sin embargo, los dos os empeñáis en negarlo.
—Yo no.
—Conozco a mi hermano, Miley. Y sé que la única persona que puede hacerlo feliz eres tú. Si no sientes lo mismo por él, tienes que decírselo a la cara para que pueda seguir con su vida.
—Lo amo.
—El fin de semana del Memorial Day daré una fiesta de graduación para Demi. Estás invitada y espero que vengas. Nick estará allí. Quizá podáis… hablar —se levantó y sonrió—. Esto es lo que venía a decirte. La cena sólo era una excusa. Ahora dime, ¿Chinatown está muy lejos de aquí?
Miley acompañó a Joe al ascensor y le dio un abrazo antes de despedirse con una lista de recomendaciones para su noche en Manhattan. Pensó en acompañarlo, pero era difícil mirar a Joe y no pensar en Nick.
De nuevo en su despacho, se sentó y consultó el calendario. Tenía dos semanas para decidir si iba a casa para la fiesta de Demi o si se olvidaba para siempre de su relación con Nick. Unos pocos días, si esperaba conseguir un vuelo económico.
Agarró el teléfono y llamó a la secretaria de John Lewis. Había otras decisiones que tomar, mucho más difíciles que el vuelo a Chicago.
— ¿Megan? Soy Miley. ¿Sigue John ahí? —soltó una temblorosa exhalación—. Tengo que verlo. Voy enseguida.
Se quedó mirando el teléfono durante un largo rato, con la mano inmóvil sobre el auricular. Estaba a punto de cambiar su vida… y todo por un hombre. ¿De verdad estaba preparada? ¿O sólo intentaba cumplir otra estúpida fantasía adolescente?
Miró las fotos y sonrió.
—Por un hombre que me quiere....




  

domingo, 10 de abril de 2011

NILEY ♥"En tu kma o en la mia?"♥ Cap 19


bueno chicas ak les dejo otro cap espero q les guste ...
ya se acerk el final no c preocupen q despues d la boda todo ira super... jeje un adelantooooo :P
bueno bye cuidencen y comenten... las kierooo :)



Nick miró su reloj a la tenue luz de la lámpara. Había supuesto que Demi estaría agotada después de la cena de ensayo y de las seis copas de champán que se había bebido. Pero eran casi las dos de la mañana y no había ni rastro de Miley. Miró el teléfono y se preguntó si debería llamarla. Pero ella sabía que la estaba esperando.
Cerró los ojos y se permitió relajarse por unos segundos. Ella tenía razón. Apenas habían dormido durante la última semana, y la falta de sueño empezaba a pasar factura.
Cuando despertó, no supo cuánto tiempo había pasado. Pero la lámpara de la mesilla estaba apagada y había alguien en la cama, junto a él. Esa persona le había desabrochado la camisa y los pantalones, y le estaba besando el pecho y el abdomen.
— ¿Miley? —murmuró.
— ¿Esperabas a alguien más?
Nick se rió y ella deslizó la mano en el interior de sus calzoncillos.
—No. Tú eres la única que siempre se mete en la cama equivocada.
—Tal vez no fuera la cama equivocada —susurró ella.
Le agarró el miembro y empezó a acariciarlo al tiempo que tocaba el extremo con la lengua. Nick ya estaba excitado, pero no recordaba cómo había llegado a ese estado. Recordaba que quería hablar con ella, pero ya era demasiado tarde para eso. Cerró los ojos y se abandonó a los placeres que ella le ofrecía. Podría hablar más tarde, pensó mientras sucumbía a la ardiente boca de Miley.
La oscuridad que los rodeaba intensificaba aún más las sensaciones. Miley se había desnudado, y Nick deslizó las manos sobre su piel sedosa, reconociendo sus voluptuosas curvas. Incluso a oscuras era la mujer más hermosa que había conocido.
Ella le apartó lentamente la ropa para seguir besándolo y acariciándolo. Los hombros, los pezones, el vello que descendía hacia su erección… Estaba decidida a seducirlo, y él no iba a detenerla ni a cuestionar sus motivos.
Los labios de Miley volvieron al miembro erecto, llevándolo hasta el límite del orgasmo para luego retirarse en el último segundo. Nick nunca le había cedido tanto control, pero Miley parecía necesitarlo aquella noche. Había una silenciosa desesperación en lo que le estaba haciendo. Cada vez que él hacía ademán de tocarla, ella le apartaba la mano con suavidad pero con firmeza. Finalmente, Nick desistió y le dio lo que ella deseaba… su cuerpo.
Aun así, cuando ella se colocó sobre él, Nick se preguntó si también aceptaría su corazón y el resto de su vida. Necesitaba creer que aquel sentimiento jamás moriría y que tendría toda la eternidad para explorarlo y disfrutarlo. Pero también sabía que el amor podía ser algo efímero y que, aunque ahora estuvieran juntos, tal vez no lo estuvieran más adelante. A pesar de todo, él estaba dispuesto a intentarlo.
Tomó el rostro de Miley entre las manos y la hizo descender para besarla. Jamás podría saciarse de su dulzura, y cuando ella intentó retirarse, él la sujetó con fuerza para impedírselo.
Nunca había sentido nada parecido. ¿De dónde había surgido aquella necesidad frenética por una mujer? ¿Por qué era tan importante poseerla? Era suya, aunque ella no quisiera admitirlo. Su cuerpo le pertenecía. Ningún hombre podría darle tanto placer como él.
—Te quiero —susurró contra sus labios. Lo dijo sin pensar, pero no se arrepentía. Amaba a Miley y nada iba a cambiar eso.
—Yo también te quiero —dijo ella.
En aquel momento, Nick supo que todo saldría bien. Tal vez pasaran semanas o meses, pero finalmente llegaría el día en el que Miley aceptara lo que sentía por él. La agarró por la cintura y la tumbó de espaldas en la cama. Sabía exactamente cómo hacerla llegar al orgasmo y después de cada embestida se retiraba y se frotaba contra su sexo.
Miley gemía y jadeaba, aferrándose con fuerza a sus caderas y clavándole las uñas en las nalgas. Nick también estaba al borde del clímax, pero ignoró las señales y esperó a Miley. Las sensaciones se hicieron más intensas hasta descontrolarse por completo. Pronunciaron palabras entrecortadas que se perdieron en la noche y los dos perdieron el contacto con la realidad.
Miley se arqueó debajo de él y gritó su nombre. Nick sintió sus convulsiones y cómo se disolvía en poderosas sacudidas. La penetró una y otra vez a un ritmo frenético, abandonándose a la descarga de placer hasta quedar completamente exhausto.
Habían traspasado una barrera invisible y habían alcanzado un grado de placer totalmente distinto. Esa vez no sólo habían sido arrastrados por el deseo físico. Sus cuerpos se habían fundido de la manera más íntima posible, pero también lo habían hecho sus almas.
Se tumbó junto a ella y la abrazó, deslizando la pierna entre las suyas.
—Lo decía en serio —susurró—. Te quiero.
—Lo sé. Y yo te quiero a ti.
Se hizo un largo silencio, pero Nick sabía que había más que decir.
— ¿Qué significa eso?
Miley se acurrucó contra él y lo besó en el pecho.
—No lo sé.
Nick podía percibir la amargura en sus palabras. Alargó el brazo y encendió la lámpara, pues quería ver su rostro mientras hablaban. Miley lo miró con ojos muy abiertos.
—Tiene que significar algo, Miley. Nunca le había dicho esas palabras a una mujer, y estoy seguro de que tú serás la única mujer a quien se las diga.
—Nick, hace una semana que estamos juntos…
—Hemos estado juntos toda la vida —replicó él.
—Pero eso no cuenta.
Nick soltó una áspera carcajada.
— ¿Por qué no? Claro que cuenta. Tú me conoces. Miley, y sabes que haré todo lo que esté en mi mano para que esto funcione.
Se levantó de la cama y se puso los vaqueros. Ya era bastante difícil hablar de un asunto tan serio como para hacerlo desnudo.
—No voy a presionarte. Si me quieres, sabes dónde encontrarme.
Miley se incorporó, cubriéndose con las mantas. Nick la observó, esperando una respuesta, alguna señal.
—Me marcharé mañana después del banquete. He recibido una llamada de la oficina. Quieren que esté de vuelta en Nueva York el viernes por la mañana. Tenemos que adelantar la presentación de un cliente.
—No tienes por qué irte —dijo Nick—. Puedes quedarte conmigo. Yo cuidaré de ti.
—No me hagas esto, por favor. No me hagas elegir. Hay gente que depende de mí. No puedo tomármelo a la ligera.
— ¿Y qué pasa contigo? ¿No te mereces algo mejor para ti misma?
Era inútil. Sabía que no podría hacerla cambiar de opinión. No estaba preparada. Pero Nick también sabía que habría otra ocasión. Lo que había pasado entre ellos no podía ser ignorado. Tarde o temprano, Miley se daría cuenta de lo que tenían y volvería con él.
—Deberías volver con Demi —dijo—. Por si acaso se despierta y se pregunta dónde estás —se pasó la mano por el pelo—. Supongo que esto es una despedida —sonrió y sacudió la cabeza—. Adiós, Miley. Ha sido muy bonito.
—Sí, lo ha sido —corroboró ella.
Nick asintió, luchando contra el deseo de estrecharla en sus brazos y besarla hasta que lograra insuflarle un poco de sentido común. Pero lo que hizo fue caminar hacia la puerta y abrirla. Miró atrás por última vez, y la vio sentada en la cama y mirándolo fijamente. Entonces, salió al pasillo y cerró tras él.
Permaneció de pie, mirando la puerta cerrada durante un largo rato, preguntándose si aquello era verdaderamente el final. Siempre había creído que enamorarse sería la solución a todos los problemas. Pero sólo había servido para aumentar la confusión.
Tenía que creer, debía tener fe en lo que sabía que era cierto. Ella lo amaba. Y no podría vivir sin él.



NILEY ♥"En tu kma o en la mia?"♥ Cap 18


Holaa chicas ak les dejo cap espero q les guste un beso grande las kieroooo :) bye



Nick miraba a Miley desde el otro lado del vestíbulo de la iglesia. Estaba de pie junto a Demi, tan quieta y tranquila que Nick se preguntó qué se le estaría pasando por la cabeza.
Sabía lo que se le pasaba a él por la suya. Imágenes de su cuerpo desnudo, arqueándose con un grito de placer y con los labios hinchados por los besos. Aquella tarde habían pasado tres horas haciendo el amor, y seguía sin ser suficiente.
En la cama, Miley era aventurera y desinhibida, y él no tenía más remedio que seguirle el ritmo. Su manera de tocarlo era tan tentadora que sólo con pensar en ello se excitaba. En una sola semana Miley había llegado a conocerlo tan bien que podía sentir su placer incluso antes que él.
Lo miró y le sonrió, y él se lamió el labio inferior. Ella se puso colorada y Nick se sintió un poco avergonzado por intentar provocarla en una iglesia. Pero a aquellas alturas no quería perder ninguna oportunidad.
Escuchó distraídamente las instrucciones que Demi repartía para el cortejo. Nunca había hecho de padrino, y le sorprendía que su futura cuñada conociera al detalle los mecanismos de una boda. Cuando le dijo que se colocara junto a Joe en el altar, él la obedeció sin rechistar y caminó por el pasillo sin saber cuál serían las próximas instrucciones.
Unos minutos después, el órgano empezó a sonar y Miley inició la marcha hacia el altar con las manos unidas por delante. Nick contuvo la respiración cuando sus miradas se encontraron y una chispa de emoción prendió entre ellos. De repente se sentía como si aquélla fuese su boda y ella estuviese caminando hacia él.
Apartó la mirada, incapaz de controlar sus emociones. Nunca se había creído aquello de «y vivieron felices para siempre». Pero ahora necesitaba creer que era posible. Si había una mujer que podía hacerlo feliz para siempre, tenía que ser Miley. No había otra opción para él.
El deseo era una poderosa droga que podía enturbiar la razón de un hombre. Pero aquello no era sólo deseo. Sentiría lo mismo al cabo de una semana, de un mes o de toda una vida. Lo sabía con toda la certeza de su corazón, y sin embargo ella no podía verlo.
Cuando Miley llegó al altar, Nick se fijó en la extraña expresión de su rostro. Tenía manchas oscuras bajo los ojos y parecía respirar con dificultad. Las rodillas casi le cedieron y Nick se apresuró a agarrarla del brazo.
 — ¡No! —exclamó Demi desde el fondo de la iglesia—. Quédate en tu sitio junto a Joe. No la agarres del brazo hasta la salida.
— ¿Estás bien? —le preguntó Nick en voz baja.
Miley negó con la cabeza.
—Es… estoy mareada.
— ¿Podemos hacer un descanso? —preguntó Nick—. Tengo que ir al baño.
—Y yo tengo que… beber un poco de agua —dijo Miley—. Me muero de sed. Disculpadme —puso el ramo en las manos del reverendo y se digirió hacia la puerta. Nick la siguió, ignorando las miradas de curiosidad de sus padres.
Una vez en el exterior, Miley se dobló por la cintura y respiró hondo, expulsando el aliento en una nube de vapor.
Nick le puso la mano en la espalda y la frotó suavemente.
— ¿Vas a vomitar?
—No… no lo sé.
—Dímelo, porque soy muy sensible a esas cosas y es probable que me ponga a vomitar yo también. Nos pondríamos la ropa perdida —consiguió arrancarle a Miley una pequeña risita y se complació de poder distraerla—. ¿Qué ocurre?
—Nada —respondió ella, apartándolo con la mano—. Se me ha revuelto el estómago.
— ¿Por la boda?
Ella levantó la mirada hacia él.
—Un ataque de pánico. Hacía tiempo que no sufría ninguno, pero éste ha sido horrible. Todo está pasando muy deprisa, sin darme tiempo a pensar. Sólo necesito eso… Tiempo para pensar.
—Miley, no somos nosotros los que vamos a casarnos… Son Joe y Demi. El padrino y la dama de honor no pueden ponerse nerviosos antes de la boda.
Ella se enderezó lentamente y volvió a tomar aire.
—Lo siento.
Nick vio el rastro de humedad en sus mejillas y se dio cuenta de que estaba llorando.
— ¿Qué te ocurre? —le preguntó, apartándole una lágrima con el dedo—. Dímelo.
—Estoy cansada. Y un poco emocionada. Demi va a casarse… Es una mujer adulta que va a seguir adelante con su vida, mientras que yo no tengo ni idea de lo que voy a hacer con la mía.
— ¿Qué quieres, Miley? —le preguntó, sin poder ocultar un tono de frustración. ¿Por qué Miley no podía darse cuenta de lo difícil que era encontrar algo tan especial como lo que ellos compartían?
—No lo sé. No quiero sentirme así, tan confusa e insegura. Quiero que mi vida tenga sentido. Hace tiempo lo tenía… —volvió a mirar a Nick—. Una vez fui feliz.
— ¿Y ahora no lo eres?
— ¡No! —se quedó callada un instante—. Sí. Tal vez.
— ¿En qué quedamos?
—Lo hemos pasado muy bien juntos. He cumplido la fantasía que tenía de joven. Con eso debería bastar.
— ¿Qué es lo que quieres? —insistió él. Sabía que había algo más que no le estaba diciendo.
Los labios de Miley se curvaron en una temblorosa sonrisa.
—Quiero que me digas que deje de comportarme como una cría —se pasó los dedos por el pelo y adoptó una expresión tranquila—. Lo siento. Últimamente no consigo dormir mucho. Es difícil sobrevivir a base de sexo y nata montada.
—Ha merecido la pena intentarlo —murmuró él.
—Me vendrían bien esas vacaciones —dijo ella.
—Aún podemos ir. Sólo tienes que decirlo y te sacaré de todo esto.
—Sé que lo harías.
—Vamos. Volvamos adentro a cumplir con nuestro deber. Luego cenaremos con la familia y regresaremos a Havenwoods. Encenderé la chimenea y nos acurrucaremos en la cama.
Ella lo miró con los ojos llenos de lágrimas.
—No puedo. Le prometí a Demi que esta noche me quedaría con ella en el hotel.
—En ese caso, quizá los dos podamos dormir un poco.
La tomó de la mano y la condujo de nuevo al interior de la iglesia. Demi estaba esperando otra vez al inicio del pasillo para repetir el desfile. Nick apretó los dedos de Miley y la soltó para dirigirse hacia el altar y situarse junto a Joe.
— ¿Qué ha pasado? —le preguntó su hermano.
—Nada. Está un poco emocionada por la boda. Cosas de hermanas.
— ¿Estás seguro?
Nick asintió. Estaba seguro. No era nada.
Aquella vez, Miley llegó hasta al altar sin problemas y Nick le sonrió para intentar animarla. Miley tenía razón. No habían dormido mucho en la última semana, y con todo lo que habían hecho sería extraño que ninguno de los dos sufriera las consecuencias.
—La mujer perfecta —murmuró.
— ¿Qué? —preguntó Joe, mirando por encima del hombro.
—Es la mujer perfecta. Demi. ¿No estás de acuerdo?
Joe sonrió y asintió.
—Sí, para mí lo es, desde luego.
—Y cuando encuentras a la mujer perfecta, no la dejas escapar —siguió Nick.
—Voy a casarme con ella, ¿no? —dijo Joe con el ceño fruncido.
El resto del ensayo transcurrió sin incidentes. Nick escuchó atentamente las instrucciones que le daba el reverendo, pero sus pensamientos estaban en otra parte. Podía convencer a Miley para que se quedara. Lo único que tenía que hacer era pedirle que se casara con él. Si lo hacía, ella tendría que creer que la amaba de verdad.
Pero, por muy simple que pareciera, el plan era muy arriesgado. ¿Y si ella lo rechazaba? Casi prefería no saber lo que sentía por él a saber que no lo quería. Volvió a pensar en el ofrecimiento que le había hecho once años atrás. ¿Cuánto valor había necesitado para exponer abiertamente sus sentimientos? ¿Podría él reunir el mismo valor por ella?
Cuando todos los detalles hubieron sido resueltos, Joe y Demi recorrieron el pasillo hacia la salida. Demi aferraba el ramo y parecía exultante. Nick tomó la mano de Miley y juntos se dirigieron hacia el fondo de la iglesia.
La familia volvió a reunirse en el vestíbulo, antes de separarse para ir al restaurante donde se ofrecería la cena de ensayo. Nick esperó hasta que todos hubieran salido y arrinconó a Miley en una escalera a oscuras.
—Tengo que verte esta noche —le dijo en voz baja y apremiante.
—No puedo. Se lo he prometido a Demi.
—Te esperaré en tu habitación en el hotel. En cuanto Demi se haya dormido, reúnete conmigo.
— ¿Y si se despierta o no se duerme?
—No quiero pasar una noche sin ti —insistió él—. Dentro de poco tendré que acostumbrarme a ello, pero no mientras los dos estemos en el mismo pueblo.
No se había dado cuenta hasta ese momento de lo mucho que necesitaba a Miley. Haría cualquier cosa para estar con ella. Y le pediría que se quedara con él aunque ella lo rechazara. Merecía la pena correr el riesgo.
Miley aún seguía librando una lucha contra sus verdaderos sentimientos, pero cuando finalmente se reconciliara consigo misma, todo quedaría muy claro. El único obstáculo era su relación física. El sexo le daba a Miley una excusa para no enfrentarse a lo que sentía por él. El deseo y el placer que compartían podrían distraer a cualquiera… incluido él. Por ello tenía que intentar un acercamiento diferente. Para que aquello funcionara, tenía que permanecer vestido y apartar las manos de Miley.