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viernes, 22 de abril de 2011

"♥" RINGS OF WEDDING "♥" Niley"♥ Cap 7


Hola ak les dejo otro cap d la nove espero q les guste... y va dedicado para kasandra... xq es una amiga genial... bue espero q les guste bye.. las kierooo :P


Aunque eso fuera algo im­posible para él en presencia de Miley  Cyrus.
Les subieron el desayuno media hora más tarde. Un camarero lo sirvió en la mesa que estaba junto a la ventana. Miley se preguntó cuánto tiempo estaría Nick en la ducha, ya que el agua seguía cayendo. Estaba pensando en ir a comprobar que no se hubiera dormido justo cuando el agua dejó de sonar. Observó la figura que se movía al otro lado de la puerta de cristal mientras bebía un sorbo de café.
A pesar de que él llevaba una toalla enrolla­da a la cintura, ella sabía lo que había debajo. Antes, al levantarse él de la cama, había podido ver el cuerpo tan increíble que tenía. Un cuerpo irresistible para cualquier mujer. El pecho an­cho, el vientre liso y las piernas musculosas ha­cían de él un hombre terriblemente atractivo. Y por lo que se refería a sus partes íntimas, pare­cía que estaban en buena forma para trabajar, aunque ella no hubiera podido comprobarlo por sí misma.
De pronto, se sintió algo culpable. Quizá no debería haberle mentido. Pero como él no se acordaba de nada, había decidido aprovecharse de ello. Se había ido a Las Vegas con él para evitar que se casara con Demi Lovato. Incluso era cierto que se habían casado, pero sabía que, si el matrimonio no se había consumado, toda­vía se podía anular. Así que había decidido en­gañarlo al respecto.
Necesitaba algo de tiempo... o mejor, Joe y Demi necesitaban algo de tiempo. Si se querían de verdad, no tardarían en descubrirlo. Y todo lo que Miley debía hacer era tener ocupado a Nick hasta que así fuera. De manera que tenía
que encontrar el modo de mantenerlo lejos de Chicago, por lo menos otros dos días.
Miley dio otro trago de café mientras con­templaba al hombre con el que había comparti­do la cama. No podía negar que se sentía atraí­da por él. Nick Jonas era un hombre muy guapo. Físicamente era un hombre del que ella podría enamorarse locamente.
Pero su interior no la atraía en absoluto. Y eso que a veces se sentía tan atraída por él, que hasta se le aceleraba el corazón y le ardía la
sangre.
—No voy a enamorarme de Nick Jonas —se dijo mientras daba otro trago al café.
Aparte del físico, tenía todo lo que despre­ciaba de los hombres. Era dominante, impa­ciente y pretencioso. Además, era muy rico. Es decir, era el tipo de hombre con el que su ma­dre quería que se casara.
—Y resulta que me he casado con él —se dijo Miley.
Observó a través de la puerta de cristal que debía de estar afeitándose. Miley sintió cierta pena, ya que le gustaba la barba incipiente que había cubierto su rostro momentos antes. Hacía que tuviese un aspecto menos pulcro... más hu­mano. Pero quizá fuese mejor que Nick recobra­se el aspecto que ella tanto odiaba. Así no corre­ría el peligro de enamorarse del hombre que seguía pensando en casarse con su mejor amiga.
Él no amaba a Demi de verdad. Lo sabía por la charla que habían tenido en el ascensor.
Entonces, ¿por qué estaría tan empeñado en volver a Chicago?
Tomó un croissant de la cesta de bollos que les habían subido. Pensó en la posibilidad de que estuviera equivocada. Quizá Demi y Joe no estuvieran enamorados. A lo mejor, incluso Nick estaba enamorado de veras de Demi. De ser así, perdería tres amigos de un golpe. Miley frunció el ceño, pensando que más bien perdería dos amigos, ya que Nick no era más que un conocido... y su marido mientras si­guieran estando casados.
Cuando él salió del baño, su pelo estaba to­davía húmedo. Se puso a buscar sus ropas mientras ella observaba la espalda desnuda.
—¿Dónde está mi ropa? —preguntó, al ver que el armario estaba vacío.
—Están en el armario que hay al otro lado del jacuzzi —respondió Miley, sonrojándose ligeramente.
—Gracias.
Al poco, apareció con su esmoquin y sus za­patos en la mano. Luego, se acercó a la mesa y se sentó.
—He estado pensando en ello y creo que sólo hay una solución posible para resolver todo este lío. Tenemos que divorciarnos.
Miley se puso en pie y se inclinó sobre él mientras su bata se abría ligeramente.
—No pienso divorciarme.
—Y yo no pienso continuar con nuestro ma­trimonio —dijo él, mirándola fijamente.
—Pues deberías haberlo pensado antes.
Él la miró con los ojos iluminados por la rabia.
—No voy a discutir contigo. Si quieres seguir adelante con esto, te demandaré y probaré que no estaba en mi sano juicio cuando me casé contigo.
—Oh, eso puede ser muy interesante. Me gustaría ver a Nick Jonas admitiendo que perdió el control. Desde luego, va a ser una buena noticia. Y además, tú podrás decir que habías perdido el juicio, pero yo alegaré que tu cuerpo funcionaba perfectamente cuando nos acostamos juntos.
Miley se dio cuenta de lo nervioso que Nick se estaba poniendo y pensó que tenía que tener cuidado. No podía dejar que se marchara a Chicago y echara a perder todos sus planes.
—Muy bien —acordó ella después de suspi­rar—. ¿Y qué propones tú que hagamos?
—No podemos volver a Chicago hasta haber arreglado todo esto. No quiero que ni Demi ni mis padres se enteren de nuestro matrimonio. Te propongo que nos divorciemos inmedia­tamente y olvidemos que esto ha sucedido. Lla­maré a recepción para que nos consigan el telé­fono de un abogado.
Nick descolgó el teléfono mientras ella se­guía desayunando sin dejar de mirarlo. No pudo saber lo que le decían exactamente, pero se dio cuenta de que no era lo que él quería es­cuchar. Al acabar la conversación, Nick colgó el teléfono bruscamente.
—¿Buenas noticias?
—No podemos divorciarnos en Nevada a menos que obtengamos la residencia. Y para eso, tendremos que permanecer aquí seis sema­nas. Aunque hay varios anuncios en la guía de agencias que te consiguen el divorcio en diez días.
—Bueno, diez días no está mal.
Nick se puso a maldecir.
—No puedo quedarme aquí diez días. Tengo trabajo que hacer.
—Entonces tendremos que volver a casa y ocuparnos de esto desde allí.
—¡No podemos volver a casa! Tiene que ha­ber otro modo de hacerlo, tiene que haber un lugar donde nos podamos divorciar inmedia­tamente.
Miley se echó a reír.
—A mí no me mires. Yo no me he divorcia­do nunca. ¿Por qué no llamas a tu abogado? Se­guro que él podrá aconsejarte.
—¡No! Los únicos que vamos a saber lo que ha pasado vamos a ser tú y yo. No quiero arriesgarme a decírselo a nadie, ni siquiera a mi abogado. Así que tendremos que arreglarnos nosotros solos.
Miley suspiró. Luego, sirvió una taza de café y se la tendió a él.
—México —le dijo.
Nick se sentó a su lado. La toalla, al abrirse, dejó ver su muslo. —¿A México?
Ella asintió.
—Creo que en Tijuana puedes divorciarte en un día.
Nick dio un suspiro de alivio. Estaba mucho más guapo cuando estaba relajado.
—Pues entonces, iremos a Tijuana. México no está tan lejos.
Miley se encogió de hombros.
—Muy bien, si eso es lo que quieres.
—Llamaré al piloto y le diré que se prepare —la miró algo avergonzado—. ¿Te acuerdas de dónde dejamos el avión?
—Enviaste al piloto de vuelta a Chicago.
—Entonces, iremos en un vuelo regular.
—No creo. A menos que haya alguna otra tarjeta de crédito escondida en tu cartera, no tienes dinero para dos billetes de avión. Aun­que siempre puedes llamar a tu casa y pedirle a tu padre que te envíe dinero...
Nick se puso a maldecir.
—¿Y cómo diablos vamos a ir a México?
Para ser un hombre supuestamente inteligen­te, Nick Jonas estaba demostrando poseer muy poco sentido común.
—Tendremos que ir en coche. Imagino que podremos alquilar uno con mi tarjeta de crédi­to. Creo recordar que tenía algo de dinero dis­ponible. Y con el dinero en efectivo que ganas­te tú anoche, podremos pagar la gasolina y la comida. Aunque eso sí, el divorcio también nos costará dinero. Y no creo que sea barato.
Nick se levantó y se puso a recorrer la habitación de un lado a otro. A cada paso que daba, la toalla se abría un poco más, así que Miley se vio forzada a concentrarse en la taza de café que tenía entre las manos.
—No puedo llamar a casa para pedir dinero, mis padres descubrirán dónde estoy.
— ¿Y no crees que el piloto se lo habrá dicho ya?
Él se dio la vuelta y se la quedó mirando fija­mente.
—Llevas razón. Así que no podemos quedar­nos aquí, pero, ¿qué podemos hacer sin dinero?
Miley sacudió la cabeza. Ese hombre no tenía ninguna imaginación. Debía haber vivido dentro de una burbuja toda su vida y no sabía cómo funcionaba el mundo real.
— ¿Dónde está tu reloj? —le preguntó ella.
— ¿Por qué? ¿Es que tienes alguna cita?
— ¿Dónde está? Anoche lo llevabas y me fijé en que es de oro.
Nick registró los pantalones de su esmoquin y encontró allí el reloj. Luego, se acercó a la mesa y lo dejó allí.
—Son las doce menos cuarto.
Miley examinó cuidadosamente el Rolex.
—Lo empeñaremos. Si vale lo que yo creo, tendremos suficiente dinero como para obtener el divorcio.
— ¿Empeñarlo?
—Sí, lo llevaremos a una tienda de empeños.
— ¿Una tienda de empeños?
—Sí, esta ciudad está llena. Tú dejas el reloj en la tienda y te dan dinero y un ticket a cam­bio. Más adelante, podrás comprarlo de nuevo. Si no, el dueño de la tienda podrá venderlo.
—Muy bien, empeñaremos el reloj —dijo él.
— ¿Cuánto cuesta?
—Yo pagué por él cinco mil dólares.
Miley se atragantó.
— ¿Pagaste cinco mil dólares por un reloj y estabas disgustado por haber perdido cuarenta mil dólares en el casino?
—Creí que habías dicho treinta mil.
— ¿Treinta, cuarenta, qué importancia tiene eso para un tipo que lleva cinco mil dólares col­gados de su muñeca? —Miley se levantó y se acercó a la mesilla para recoger su reloj—. ¿Ves esto? Pagué setenta dólares por él —ella se lo alcanzó—. ¿Qué hora marca?
—Las doce menos catorce minutos.
— ¿Y qué hora marca el tuyo?
—La misma.
—O sea, que saber la hora puede ser muy barato —dijo ella, sonriendo.
—Pero es que ésa no es la cuestión.
—Ya sé que no es la cuestión. Sé que llevas ese reloj para demostrar que puedes llevarlo, no porque lo necesites. Pero eso es ostentación.
—Bueno, señorita sabelotodo, pero si no lle­vara un reloj tan caro, no tendríamos nada que empeñar ahora. Y si no tuviéramos nada que empeñar, tendríamos que seguir adelante con este insoportable matrimonio hasta que la muerte nos separase. Y te advierto que, a juzgar
por mi estado de ánimo, no habría sido de muerte natural. Así que no me importa en abso­luto lo que pienses de mí o de mi Rolex.
Nick se puso en pie, recogió sus ropas y se dirigió al baño.
—Termina de desayunar y vístete —le orde­nó—. Tenemos que ir a alquilar el coche.
Miley agarró otro bollo y lo partió delante de él. Nick la miró amenazante, pero finalmen­te se dio la vuelta, refunfuñando, y se metió en el baño. Ella lo maldijo. Llevaban casados sola­mente siete horas y ya estaba empezando a ha­cerle perder los nervios.
—Supongo que esto es el fin de nuestra luna de miel — murmuró.



10 comentarios:

  1. Sabes que me re gusta tu noveee :) me encanto el capitulo :)

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  2. me encantaaaaa esta noveeeeee
    esta buenisimaaaaaaaaa.
    espero que subas pronto.

    y ojala subas pronto maratonnnn!!!!!!!!!!

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  3. :l me encanto!! :) esta genial la nove n.n

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  4. aaahhh
    me encaanto
    el capii
    super
    geneal aahh
    espero pronto el siguiente
    no tardees

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  5. Waa porfa siguelaa!!
    yo queria luna de miel (6)
    tu sabes xD bueno
    siguela prontiito :B

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  6. aaaaaaaaa
    me encantooooo
    sube prontooo!!

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  7. holap
    emil...
    awwww
    muchas muchas gracias
    por la dedicatoria...
    aawwwww
    eres genial...
    te extraño muchop amiga...
    me gusto muchop el capi....
    espero que subas pronto otro cap...
    iap no te encuentr en el messengger...
    :-(

    espero que estes bien
    te quiero muchop!!!!

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  8. Awwwwwwwwwwwwwwwwwwww
    eztuvo ermozoo!!
    El qap!!!
    Eztubo zuperr!!!
    ;D
    Hhahah zobre todo
    xqe Miley lo engaño
    hahhah el
    otro ezta de loz nervioz
    Qe abra pazado qon Jemi
    1313
    jajjaja
    me imagino!!
    ^^
    Bye
    xoxoxoxoxoxoxoxoxo

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