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jueves, 28 de abril de 2011

"♥" RINGS OF WEDDING "♥" Niley"♥ Cap 10


hola chicas ak les dejo un cap mas.. espero q les gustee un besoo las kierooo...



— ¿Tienes que cambiarte en el coche? Pode­mos ir a una gasolinera.
Nick giró la cabeza justo a tiempo para ver que ella se ponía uno de los vestidos. Aunque le había comprado un sujetador que hacía jue­go con las medias, ella no se lo había puesto y Nick no pudo evitar una mirada breve a sus se­nos.
¿A qué se debería la fascinación extraña que el cuerpo de Miley ejercía sobre él? No era muy diferente del de cualquier otra mujer, pero era el conjunto lo que le provocaba. Cada vez que la miraba, le resultaba difícil ignorar la atracción que había entre ellos, el deseo que sentía hacia una mujer a la que debería odiar.
— ¿No tenías tanta prisa por llegar a México? Y no quites los ojos de la carretera.
—Tú eres el copiloto. ¿No deberías estar buscando qué carretera debemos tomar?
—Tenemos que ir por la autopista noventa y tres hasta la presa de Hoover.
— ¿Pasaremos por la presa de Hoover?
—Sí —replicó, tirando el vestido que llevaba sobre el asiento trasero. Luego, miró entre las cajas de zapatos hasta encontrar los que le que­daban bien—. Siempre he querido ir allí y ya que vamos a pasar cerca...
— ¿Se pasa por allí para ir a México?
Nick ya sabía cuál era la respuesta a esa pre­gunta. No debería haber confiado en Miley para decidir la ruta. Tenía que haberlo hecho él. Debería haber memorizado el número de las di­ferentes carreteras y luego haberle confiscado el mapa antes de arrancar el coche.
—Será muy educativo. La presa de Hoover es una maravilla de la ingeniería.
Nick soltó una maldición. Miley era así, siempre dispuesta a dejarse arrastrar por alguna estupidez.
— ¡No me importa! Vamos por una carretera estrecha que pronto se internará entre las mon­tañas con un coche al que no le han arreglado los frenos hace diez años y encima me dices que no vamos hacia México...
— ¿Sabías que el punto más alto de la presa de Hoover está a setecientos veintiséis pies so­bre el nivel del río?
— ¿Cómo sabes eso?
—Lo he leído en una señal que hemos pasa­do hace poco.
Nick agarró el mapa que Miley llevaba en el regazo y se lo colocó sobre el volante.
—No te tenía que haber dejado de copiloto —protestó—. ¿Dónde iremos después? ¿Al mon­te Rush More? Con tu habilidad para diseñar ru­tas, estoy seguro de que también está de cami­no a México.
Miley suspiró y se desperezó en el asiento.
— ¿Por qué eres tan aguafiestas? Seguro que es muy interesante. Y seguramente podremos ir al baño, porque te aseguro que yo necesito ir ahora mismo. Además, quizá podamos beber algo e, incluso, comer allí.
Nick arrugó el mapa y lo tiró a los pies de ella.
—Miley, sólo llevamos una hora en el co­che. Si seguimos a este ritmo, llegaremos a Mé­xico en navidades.
Ella recogió el mapa y lo recompuso lo me­jor que pudo.
—No veo por qué no podemos hacer que este viaje sea agradable... y educativo.
Él respiró hondo y luego soltó el aire lenta­mente.
—Vamos a México sólo para divorciarnos. Vamos para reparar el terrible error que cometi­mos.
—Muy bien, pues lo arreglaremos después de ver La presa de Hoover. Tú sólo tienes que seguir recto. Esta carretera lleva a la cima. Des­pués de echar un vistazo, daremos la vuelta y pondremos dirección otra vez a México para obtener tu estúpido divorcio —Miley cruzó los brazos y se puso a mirar el paisaje.
Se quedaron en silencio. Nick pensó que era imposible disgustarse con Miley. Cada vez le gustaba más su gran personalidad y su modo entusiasta de entender la vida. Y luego estaba lo excitante que era observar su bonito cuerpo.
En otras circunstancias, le habría parecido una mujer irresistible, pero estaba comprometi­do con Demi, que le estaría esperando en Chicago. Y su familia nunca aceptaría a alguien como Miley Cyrus.
Se giró hacia ella y sonrió. Era una mujer im­presionante. De noche, resultaba una mujer se­ductora y exótica, pero, de día, poseía una be­lleza más pura con su piel de marfil y su pelo negro. Se fijó en cómo Miley se apartaba un mechón de pelo de detrás de la oreja. En ese momento vio el brillo del anillo que llevaba y recordó, una vez más, que estaba casado con ella.
Hacía menos de veinticuatro horas, estaba preparándose para anunciar su compromiso con Demi Lovato. Lo había planeado todo cui­dadosamente... hasta que tomó el primer sorbo de champán.
¿Sería toda la culpa del champán? Si de ver­dad quisiera a Demi, nada habría podido apartarlo de ella. Quizá sólo estuviera buscando una excusa para escapar de allí cuando sucedió lo de Miley y el ascensor. Quizá se había dado cuenta de lo que le esperaba el resto de su vida si seguía adelante con su compromiso.
Demi Lovato era una mujer maravillosa, pero no había ninguna pasión entre ellos. No tenían una relación en la que saltaran chispas. Así que debía haber querido conocer por una vez el lado más peligroso de la vida, pero no esperaba encontrarse casado a la mañana si­guiente con Miley Cyrus.
Aunque entre ellos sí que saltaban chispas. Y su relación podía estallar en cualquier momento.
O mejor, podía estallar de nuevo, por lo que le había dicho Miley. Nick frunció el ceño. ¿Cómo podía haberse olvidado de que había hecho el amor con ella? Recordaba fragmentos de la noche. Sabía que habían llegado a ese ho­tel y que él se había quitado la chaqueta, pero luego ya no se acordaba de nada más.
Mientras seguía conduciendo trató de con­centrarse para tratar de recordar cómo había sido, pero no pudo conseguirlo. Todas las imá­genes que le venían a la cabeza no tenían nin­guna base en la realidad. Se imaginó el tacto de su cabello, que sería como seda entre sus de­dos. Su boca sabría a miel y su piel olería a ro­sas. Y cuando él tocara sus suaves senos, ella gemiría de placer.
Respiró hondo para tratar de calmar su de­seo. Estaba seguro de que Miley era una mu­jer que no debía de tener ninguna inhibición en la cama. Un hombre podría perderse en la pura lujuria con ella. Nick pensó que eclipsaría al resto de las mujeres con las que él había estado.
—Y entonces, ¿por qué no puedo acordar­me? —murmuró.
— ¿Qué?
Nick parpadeó. Luego, se giró hacia Miley que estaba mirándolo con los ojos muy abier­tos.
—Nada. Sólo estaba pensando en voz alta.
Poco después, pudieron ver la presa, que era impresionante. Por un lado, el río Colorado for­maba un embalse y, por el otro, no había nada,
salvo una caída de varios cientos de pies hasta la parte en la que antiguamente el río había se­guido su curso.
Nick tuvo que admitir que era una vista im­presionante. Se la habría perdido de no ser por Miley.
—Mira esa gente —dijo ella, señalando a tra­vés del cristal—. ¿Qué llevan en la cabeza?
Nick observó a los turistas que había en el camino que llevaba a la presa.
—No sé, pero todos parecen llevar el mismo sombrero. Seguramente podrás comprarte uno en la tienda de regalos, si te gusta.
—No es un sombrero —Miley frunció el ceño—. Parece como una pirámide cubierta de papel de estaño. ¿Por qué llevarán eso?
La respuesta se la dio un cartel que había en la verja de entrada.
—«Bienvenidos, extraterrestres» —leyó él—. Creo que esa gente son alienígenas.
—No. Más bien son ellos los que están espe­rando a que lleguen los alienígenas —replicó ella, echándose a reír—. ¡Oh, qué emocionante! Me acuerdo que leí que mucha gente pensaba que los extraterrestres invadirían la Tierra con la llegada del nuevo milenio.
Nick la miró con escepticismo.
—Ya debería haberme imaginado que tú cree­rías en esas majaderías.
—Definitivamente, eres un aguafiestas.
Nick soltó una maldición mientras se dirigía al aparcamiento. Ya estaba perdiendo la paciencia cuando, de pronto, encontró un sitio. Apagó el motor y se giró hacia Miley.
—Será mejor que firmemos una tregua a par­tir de ahora mismo si queremos pasar los próxi­mos días juntos sin matarnos el uno al otro.
Miley le echó una mirada letal y luego sa­lió del coche. Él no la siguió. No le importaba si ella decidía ponerse a dar saltos al borde de la presa. Pero al momento siguiente, se dio cuenta de que no se fiaba de todos aquellos locos con sus sombreros de papel de estaño en la cabeza. Así que salió del coche y la alcanzó en la carre­ra.
—Déjame sola. Quiero echar un vistazo a la presa.
Él la agarró la mano, pero ella se soltó y si­guió su camino. Nick volvió a maldecir.
—No hay quien te aguante. ¿Todavía estás molesta por que no te haya dejado llevar el co­che?
—No es por eso por lo que te odio.
—Bueno, pues cuéntame entonces a qué se debe tu ira. Dímelo, Miley, porque no tengo ni idea de lo quieres de mí.
La siguió por el camino que llevaba hasta el borde de la presa. Cuando llegaron, Miley se inclinó para ver la pared por la que antigua­mente bajaba el río. Nick sintió vértigo y deseó sujetarla para mantenerla a salvo.

lunes, 25 de abril de 2011

"♥" RINGS OF WEDDING "♥" Niley"♥ Cap 9


Holis ak les dejo el siguiente cap chicas espero q les guste... las quiero muuuchisimooo... :P


Miley había decidido esperar en el aparca­miento de los grandes almacenes a que Nick terminara sus compras. Pero llevaba esperando ya una hora, a pesar de que él había prometido estar de vuelta en quince minutos.
Soltó el volante, que estaba agarrando ner­viosamente y golpeó con el puño en el salpica­dero, con lo que se encendió la radio. A Nick no le había gustado nada el coche que ella ha­bía conseguido, pero no había otra cosa. Había mirado en varias agencias de alquiler y en todas ocurría lo mismo. O no funcionaba el ordena­dor debido al cambio de milenio o los únicos coches que tenían eran demasiado caros. Les dijeron que todo el mundo estaba marchándose de Las Vegas por carretera, ya que debido a los fallos en los ordenadores se habían tenido que suspender bastantes vuelos.
Así que habían tenido que conformarse con un Toyota con diez de años de antigüedad.
Además, no era tan mal coche. Las ruedas gi­raban y el claxon funcionaba. Sin embargo, el silenciador no debía estar en muy buen estado a juzgar por el humo que echaba y el ruido que hacía. Había alquilado el coche para una sema­na por ciento veinticinco dólares. Eso quería decir que les habían sobrado setenta y cinco dólares de su tarjeta de crédito. Con ese dinero, ella podría comprarse un vestido de verano y un par de zapatos en alguna tienda de las afue­ras.
Lo cierto era que tenía tantas ganas de qui­tarse su «traje de novia» como Nick. Entonces, le vino a la mente la ceremonia en la calle Fremont bajo todo ese juego de luces. Aunque pa­reciera raro, aquel tipo de ceremonia sería la que ella habría elegido para casarse. Miley odiaba esas ceremonias tradicionales que tanto gustaban a su madre. Pensaba que, si una mujer iba a casarse, por lo menos tenía que divertirse. Una boda múltiple, al lado de cientos de novias más, era algo que no podía olvidarse fácilmen­te.
—Lo malo es que el novio no puede recor­darlo —murmuró con cierto sentimiento de cul­pa.
Quizá no debería haber llegado a casarse con él, pero cuando él se lo había preguntado, a la salida del casino, ella se había visto arrastra­da por la espontaneidad del gesto. Desde el momento en que dijo que sí, había estado tra­tando de convencerse a sí misma de que había razones de peso para casarse. Tenía que mante­ner a Nick alejado de Demi Lovato.
Y aun así, cuanto más lo pensaba, más con­vencida estaba de que no era ése el motivo por el que se había casado con él. Nick era atracti­vo y encantador cuando bebía suficiente cham­pán. Y además, había sido el primer hombre que se lo había pedido y se había sentido obli­gada a aceptar. Seguidamente, recordó la noche de bodas...
Miley dio un suspiro de frustración. Nunca había tenido demasiada suerte con los hom­bres. No siempre había sido culpa de ellos, ya que, normalmente, no sabía elegir y se quedaba con los perdedores, con los holgazanes, con hombres que no eran capaces de dar amor. Quizá lo hacía para protegerse a sí misma.
Desde siempre, los había utilizado como un arma contra sus padres. Por eso elegía y llevaba a casa a vagabundos y delincuentes. Aquello se hizo una costumbre que jamás fue capaz de romper. Nick Jonas había sido también una elección equivocada, especialmente como mari­do. Hasta el momento del ascensor, se habían odiado el uno al otro.
Pero aquello había cambiado. Nick no era el hombre que ella pensaba. No era aburrido, sino simplemente reservado. No era serio, sino tímido.
 Por eso quería que le cayera bien y caerle bien a él.
Era un hombre fascinante y Miley había conocido a pocos de los que pudiera decir lo mismo. Y, a pesar de su riqueza y poder, era sorprendentemente sencillo. Podía comportarse como una persona normal si la situación lo exi­gía.
Miley recordó la madrugada pasada y al hombre con el que se había acostado. Le había costado un gran esfuerzo mantenerse en su lado de la cama, viendo aquel cuerpo esbelto desnudo y pensando en lo que sucedería cuan­do se despertara. Lo había estado mirando mu­cho tiempo, tratando de descubrir el misterio del hombre con el que se había casado. Final­mente, llegó a dormirse, para despertarse poco después acurrucada contra él. Sólo la sábana los separaba. Incluso en ese momento, el re­cuerdo la hacía sentirse a salvo.
Si llegaba a casarse alguna vez... con un hombre que recordara que se había casado con ella y no tuviera a su novia esperándolo en otra ciudad, esperaba que su marido se pareciera un poco a Nick. Que fuese fuerte y seguro. Con un hombre así, por lo menos sabías a qué ate­nerte.
—Me detesta —murmuró en voz alta—. Está impaciente por divorciarse de mí y volver con Demi —gimió, apoyando la frente contra el volante.
Desde luego, no podía convertir a Nick en el hombre de sus sueños. Había ido a Las Vegas con ella por un capricho, por una decisión to­mada en un momento vulnerable. Se habían ca­sado sin pensar en la gravedad del acto e iban a tener que pasar varios días juntos hasta solucio­nar el desastre que habían organizado.
Sonó un golpe en la ventanilla y Miley se sobresaltó. Se volvió y vio a Nick al lado del coche. Iba vestido con unos pantalones de co­lor caqui, un polo y una chaqueta deportiva. En la mano, llevaba una maleta de piel y tres enor­mes bolsas.
Miley sintió que la sangre comenzaba a hervirle. ¡No debería haber confiado en él! Se­guro que se lo había gastado todo. Miley sol­tó una maldición entre dientes y salió del co­che. Bien, si Nick quería divorciarse, tendría que arreglárselas para conseguir el dinero. Ella no iba a malgastar más tiempo y energías en preparar los detalles.
—Una ropa preciosa —dijo, apoyándose en el coche.
Nick rodeó el coche por la parte delantera y se inclinó al ver un faro roto.
—No puedo decir lo mismo del coche que has elegido, aunque ya sé que no nos podía­mos gastar mucho.
Miley hizo un gesto con la cabeza. Debería estar enfadada, pero no lo estaba. Si era sincera, estaba feliz de que él se hubiera gastado todo el dinero del divorcio. Aunque sabía que ese pen­samiento era una insensatez.
—Lo gastaste todo, ¿no?
—No gasté ni un penique —contestó con una sonrisa de satisfacción—. Tenía una tarjeta de crédito que me valía para una de las tiendas del centro comercial. Crédito que he agotado en menos de una hora.
—Entonces, ¿seguimos teniendo dinero para el divorcio?
—Claro. Y también he traído algunas cosas para ti. Mira —le enseñó una de las bolsas—, creo que he pedido la talla correcta.
— ¿Me has comprado ropa? —preguntó sor­prendida de su generosidad y secretamente complacida.
—Algunos vestidos y un jersey. He oído que en el desierto las noches son frías. Sé que nece­sitas zapatos, pero no sabía tu número. Así que compré un modelo en todas las tallas entre la treinta y siete y la treinta y nueve.
Miley sacó la ropa de la bolsa y contempló los tres vestidos de algodón de colores alegres y el jersey de cachemira de color azul intenso. También había unos pantalones negros, una ca­miseta de rayas y un sombrero de paja. Miley alzó la vista.
—Es para el sol —explicó él.
La mujer se quedó en silencio, admirada de su generosidad y buen gusto. Nick había elegi­do justo lo que ella habría comprado.
— ¿Te gusta todo? Si no, podemos cambiarlo.
—No. Todo es... perfecto. Es justo lo que yo habría comprado.
—Te gustan los colores fuertes, ¿verdad?
—Sí.
En ese instante, sintió ganas de abrazarlo y darle un beso. Raramente le sorprendían los hombres, pero Nick la había dejado sin habla. La segunda bolsa contenía los zapatos y la ter­cera, accesorios de maquillaje y perfume. Nick también había estado en el departamento de lencería, ya que encontró varias prendas de ropa interior de encaje y un camisón sencillo en la cuarta bolsa.
—No lo elegí yo. Fue la dependienta —ase­guró.
—Entonces, creo que está todo listo.
—Así es —contestó él, separándose del co­che y mirándolo pensativo—. Es una pena que no tengan también coches de alquiler. He inten­tado que me dieran algo de dinero en metálico, pero no han aceptado, así que compré esto — añadió, mostrando su muñeca.
— ¿Has comprado un reloj?
—Si nos quedamos sin dinero, podemos em­peñarlo —explicó. Luego, sacó una caja del bolsillo del pantalón—. Ábrela.
Conteniendo el aliento, Miley abrió la tapa. Dentro había un anillo de oro y diaman­tes, tan bello, que no podía imaginar otro que le gustara más.
—No... no entiendo.
—También se podría empeñar, si lo necesita­mos. Vamos, póntelo.
—No creo que...
—Así no lo perderás —aseguró, quitándole la caja de la mano y poniéndole el anillo en el dedo.
Miley dio un suspiro profundo.
—Es una buena idea.
Se miraron unos segundos a los ojos. Miley se sentía atrapada por la mirada de él. Notó un estremecimiento por todo el cuerpo y tuvo deseos de acercarse y besarlo. O por lo menos, sentía que tenía que decirle que estaba siendo muy amable. Debería disculparse por la manera en que lo había tratado y por todas las cosas que había dicho sobre él y su dinero. Pero, de repente, se dio cuenta de que los sentimientos que comenzaban a nacer en ella podían llegar a ser muy peligrosos. No podía enamorarse de Nick Jonas, ni siquiera un poco. Ni siquiera durante unos días.
—Deberíamos irnos —dijo finalmente.
—Dame las llaves. Yo conduciré.
Miley se quedó atónita por la forma autori­taria de decirlo. Mientras se calmaba, metió con cuidado la ropa en las bolsas. Por eso precisa­mente no podía enamorarse de Nick Jonas. ¡Era un hombre demasiado arrogante para ella!
—No, no conducirás tú. Yo alquilé el coche y seré yo quien conduzca. Además, no confío en que sepas conducir.
— ¿Por qué no?
— ¿No suele llevarte un chófer como a todos los ricos?
Nada más terminar de decirlo, lo lamentó.
¿Por qué no había término medio en sus emo­ciones hacia ese hombre? Tan pronto se sentía atraída por él, como lo odiaba.
—Yo conduciré el maldito coche, Miley. Tú irás de copiloto. Y ahora dame las llaves.
Ella le tiró las llaves a la cara, más enfadada consigo misma que con él. Había veces que la compañía de Nick le hacía sacar lo mejor de sí misma, pero otras veces era al contrario.
—Gracias —dijo, alcanzándolas antes de que le dieran en la nariz.
—Estoy deseando divorciarme cuanto antes.
—Espero que hayas echado gasolina, por­que no vamos a parar hasta llegar a México.
Miley fue hacia la parte de atrás del coche y no pudo evitar fijarse en el anillo. ¿Por qué le habría comprado eso, en lugar de unos pen­dientes o un collar?
Luego, tiró las bolsas dentro, pensando en que era una pérdida de tiempo tratar de imagi­narse las razones de Nick. Estaba segura de que la ropa que le había comprado no era un regalo, sino una manera de decirle que no le gustaba su vestido. Y el anillo era una inver­sión, no una señal de adoración secreta.
Miley cerró la puerta y dio un suspiro pro­fundo. Todo estaba sucediendo demasiado de­prisa y no había manera de evitarlo. Aunque no había dudado al casarse con él, sí tenía dudas respecto al divorcio.
—No sé si me gusta lo de ser «la primera mu­jer de Nick Jonas» —se dijo en voz baja, mirando a través de la ventanilla mientras el coche comenzaba a salir del aparcamiento.

" STAY "



Ak les dejo las letras d la cancion STAY d Miley y Nick... espero q les gustee
las kierooo AMO NILEY...

MILEY =)


Well it's good to hear your voice
I hope your doing fine
And if you ever wonder
I'm lonely here tonight
Lost here in this moment
And time keeps slipping by
And if I could have just one wish
I'd have you by my side

Oh, oh I miss you
Oh, oh I need you

And I love you more
Than I did before
And if today I don't see your face
Nothing's changed no one can take your place
It gets harder everyday
Say you love me more
Than you did before
And I'm sorry it's this way
But I'm coming home
I'll be coming home
And if you ask me I will stay
I will stay

Well I try to live without you
The tears fall from my eyes
I'm alone and I feel empty
God I'm torn apart inside
I look up at the stars
Hoping your doing the same
Somehow I feel you closer
And I can hear you say

Oh, oh I miss you
Oh, oh I need you

And I love you more
Than I did before
And if today I don't see your face
Nothing's changed no one can take your place
It gets harder everyday
Say you love me more
Than you did before
And I'm sorry it's this way
But I'm coming home
I'll be coming home
And if you ask me I will stay
I will stay

I never wanna lose you
And if I had to I would chose you
So stay, please always stay
You're the one I hold onto
My heart would stop without you

And I love you more
Than I did before
And if today I don't see your face
Nothing's changed no one can take your place
It gets harder everyday
Say you love me more
Than you did before
And I'm sorry it's this way
But I'm coming home
I'll be coming home
And if you ask me I will stay
I will stay
I will always stay...
And I love you more
Than I did before
And I'm sorry it's this way
But I'm coming home
I'll be coming home
And if you ask me I will stay
I will stay
I will stay...





Nick =)


Its hard to believe,
Where we are now.
Your hand in mine, babe,
Feels right somehow.
Now just hold still
So dont make a sound.
Cause its almost perfect,
So, baby, Dont you look down.

Weve had our past,
leave that behind.
Cause none of it lasts,
All we have is tonight

Cause youre not the only one,
Whos ever felt this way.
Dont let the world cave in,
Just tell me that youll stay.

Now that the pain is done,
No need to be afraid.
We dont have time to waste,
Just tell me that youll stay.

Beautiful, one of a kind.
Youre something special babe,
And you dont even realize
That your my hearts desire.

All I want and more.
I know youre scared,
But I promise, babe,
Im not who I was before.

Cause youre not the only one,
Whos ever felt this way.
Dont let the world cave in,
Just tell me that youll stay.

Now that the pain is done,
No need to be afraid.
We dont have time to waste,
Just tell me that youll stay.

Cause youre not the only one,
Whos ever felt this way.
Dont let the world cave in,
Just tell me that youll stay.

Now that the pain is done,
no need to be afraid.
We dont have time to waste,
Just tell me that youll stay.

Tell me, tell me youll stay.
No, tell me.
Tell me that youll stay....

             


espero q les gusteee... 

sábado, 23 de abril de 2011

"♥" RINGS OF WEDDING "♥" Niley"♥ Cap 8




— ¡Quinientos dólares! —gritó Miley—. Nunca pensé que nos dieran tanto.
Nick observó cómo Miley guardaba el di­nero en el bolso. Luego, volvió la cabeza hacia la tienda de empeños. Y finalmente, volvió a mirar a Miley. No había duda de que su belle­za y generoso escote habían ayudado a que les pagaran más por el Rolex. El dueño de la tienda se había pasado todo el tiempo con la mirada fija en el escote. Y lo que era peor, Miley se había echado dos veces hacia delante, dejándo­le ver más aún al tipo. Decididamente, era una desvergonzada.
Nick pensó que, si hubiera podido empeñarla a ella también, habría obtenido una buena suma.
— ¿No crees que ese vestido que llevas es de­masiado llamativo? —preguntó Nick, observan­do el vestido y deteniéndose durante un instante en el escote. Después de desayunar, se habían puesto la misma ropa de la noche anterior. De haber sabido que se iba a marchar con Miley Cyrus a Las Vegas, él habría llevado más ropa. Y si hubiera sabido que iba a casarse con ella, habría saltado del avión en marcha.
— ¿Qué le pasa a mi vestido? Mira a tu alre­dedor. No somos los únicos que vamos vestidos de etiqueta. Además, gracias al vestido el hom­bre nos pagó más. Sólo quería darnos trescien­tos dólares por él.
Aunque el vestido era adecuado para ir a una fiesta, a la luz del día resultaba demasiado llamativo. Todos los hombres se volvían a mi­rarla e incluso Nick estaba empezando a sentir­se inquieto ante la imagen de sus pechos.
—Bueno, pero vamos a tener que conseguir otras ropas. No podemos ir a México vestidos igual que para la fiesta de Nochevieja.
Nick se maldijo en silencio por la fasci­nación que el cuerpo de ella provocaba en él. No podía quitarse de la cabeza la imagen del cuerpo desnudo de Miley a través del cristal del cuarto de baño del hotel.
Sin poder controlarse, Nick comenzó a pre­guntarse si su piel sería tan suave como parecía. ¿Se le endurecerían los pezones si él se los aca­riciara? Si al menos pudiera acordarse de la no­che de bodas...
Nick resopló. Tenía que hacer algo antes de que perdiera del todo el control.
—Tenemos que cambiarnos. Ese tipo del ho­tel nos dijo que había un centro comercial en esta misma calle.
—Pero no creo que podamos permitírnoslo —dijo Miley.
— ¿Es que piensas ir a México así vestida?
— ¿Te preocupa mi comodidad o más bien lo que la gente pueda decir? Desde luego, por mí no te preocupes, yo estoy bien así.
Nick se fijó en que Miley estaba comen­zando a enfadarse, y él no tenía ganas de discu­tir de nuevo. Más bien tenía ganas de besarla.
—Por lo que a mí respecta, puedes ir desnu­da, si así lo deseas —mintió él—. Pero mi esmo­quin huele a humo y a champán, así que yo voy a cambiarme.
—No tenemos dinero —insistió ella.
—Tenemos lo del Rolex.
—Lo del Rolex es para pagar el divorcio. Y los doscientos dólares que tenemos en efectivo son para la gasolina y la comida. En cuanto a los doscientos dólares que me quedan en la Visa son para alquilar el coche. Además, eres tú quien quiere divorciarse cuanto antes. A mí no me importaría quedarme en Las Vegas y esperar diez días para divorciarnos.
—Tampoco tenemos dinero para quedarnos aquí diez días —le recordó Nick.
—Bueno, siempre puedes jugarte lo que nos queda. A lo mejor esta vez tenías suerte.
—Muy graciosa.
—Bueno, pero llevo razón. Tenemos que ahorrar dinero para poder llegar a Tijuana y di­vorciarnos cuanto antes.
—Dame sólo cincuenta dólares —dijo él, ex­tendiendo la mano—. Me compraré una cami­seta y unos vaqueros.
Miley sacudió la cabeza.
—Te recuerdo que tanto el dinero del Rolex como las ganancias del juego son míos. Así que dame el dinero —le dijo, tratando de agarrar el bolso.
— ¡No! —se apartó ella.
Nick apretó los dientes.
—Puedes descontarme los cincuenta dólares de mis comidas.
— ¡Oh, por favor! ¿Prefieres ir bien vestido que comer?
— ¡Tú dame el dinero de una vez, Miley! No quiero que me obligues a quitártelo a la fuerza.
Ella vio que él parecía dispuesto a cumplir sus amenazas, así que abrió el bolso y le dio el dinero que habían sacado por el Rolex.
—Yo sólo me quedaré los doscientos del juego. O sea, que te doy todo el dinero destina­do a pagar el divorcio. Si te lo gastas, tendre­mos que seguir casados.
—Créeme, no me lo gastaré todo —replicó él. Luego, se volvió y se puso a buscar un taxi, pero al ver que ella no lo seguía, se volvió para ver qué estaba haciendo—. ¿Por qué no vienes?
—Hay una tienda para alquilar coches una manzana más arriba. Tú espera aquí mientras consigo el coche. No debemos malgastar el di­nero en taxis.
Él se sentó en un banco y estiró las piernas.
—Bueno, pero asegúrate de que el coche tiene aire acondicionado. Y si puede ser, alquila un Mercedes o un BMW.
Miley sacudió la cabeza.
—Oh, claro. Y también me aseguraré de que la tapicería sea de cuero y de que tenga repro­ductor de discos compactos.
—Eso estaría bien, aunque no es imprescin­dible.
Ella se acercó hasta donde él estaba.
—Pero, ¿en qué planeta vives tú? Por dos­cientos dólares es imposible alquilar un Merce­des. Por ese dinero sólo podremos conseguir un coche barato.
—Bueno, pero asegúrate de que tiene aire acondicionado. Acuérdate de que tenemos que atravesar el desierto y en esa clase de sitios sue­le hacer calor.
—Claro, y tú no querrás que tu ropa limpia acabe sudada. No te muevas de aquí —dijo, dándose la vuelta y alejándose de él—. Si no es­tás en este mismo sitio cuando vuelva, me iré con el coche a Chicago y le diré a todo el mun­do que nos hemos casado.
Nick se quedó observando cómo se alejaba, moviendo las caderas de un modo muy sensual. Lo cierto era que Miley Cyrus le resultaba una mujer muy atractiva.
—Ahí va mi mujer —murmuró. Nick se echó a reír. Seguramente, muchos hombres le envidiarían por tener una esposa como ésa, pero él lo único que quería era divorciarse de ella. Tenía que corregir el estúpido error en el que el exceso de champán le había hecho caer.
Quiso mirar la hora, pero luego se dio cuen­ta de que no tenía reloj. Debía de ser la una más o menos. Si llamaba a Joe a Chicago, qui­zá él le ayudara a salvar su compromiso con Demi. Su prometida confiaba en él, ya que se conocían desde pequeños.
Mientras buscaba un teléfono, pensó en lo que le diría. Le contaría que tenía que resolver todavía algunos asuntos antes de regresar.
—Bueno —murmuró para sí mismo—, más que algunos asuntos, lo que tenía que resolver era un problema enorme. Y su nombre era Mi-ley.
Le pediría a Joe que cuidara de Demi hasta su vuelta. No entraría en detalles ni men­cionaría a Miley. No quería que nadie supiera que estaba con ella.
Eso sí, le iba a resultar difícil soportar su compañía. Miley Cyrus tenía la facultad de encender su sangre y de hacerle perder el sentido.

viernes, 22 de abril de 2011

"♥" RINGS OF WEDDING "♥" Niley"♥ Cap 7


Hola ak les dejo otro cap d la nove espero q les guste... y va dedicado para kasandra... xq es una amiga genial... bue espero q les guste bye.. las kierooo :P


Aunque eso fuera algo im­posible para él en presencia de Miley  Cyrus.
Les subieron el desayuno media hora más tarde. Un camarero lo sirvió en la mesa que estaba junto a la ventana. Miley se preguntó cuánto tiempo estaría Nick en la ducha, ya que el agua seguía cayendo. Estaba pensando en ir a comprobar que no se hubiera dormido justo cuando el agua dejó de sonar. Observó la figura que se movía al otro lado de la puerta de cristal mientras bebía un sorbo de café.
A pesar de que él llevaba una toalla enrolla­da a la cintura, ella sabía lo que había debajo. Antes, al levantarse él de la cama, había podido ver el cuerpo tan increíble que tenía. Un cuerpo irresistible para cualquier mujer. El pecho an­cho, el vientre liso y las piernas musculosas ha­cían de él un hombre terriblemente atractivo. Y por lo que se refería a sus partes íntimas, pare­cía que estaban en buena forma para trabajar, aunque ella no hubiera podido comprobarlo por sí misma.
De pronto, se sintió algo culpable. Quizá no debería haberle mentido. Pero como él no se acordaba de nada, había decidido aprovecharse de ello. Se había ido a Las Vegas con él para evitar que se casara con Demi Lovato. Incluso era cierto que se habían casado, pero sabía que, si el matrimonio no se había consumado, toda­vía se podía anular. Así que había decidido en­gañarlo al respecto.
Necesitaba algo de tiempo... o mejor, Joe y Demi necesitaban algo de tiempo. Si se querían de verdad, no tardarían en descubrirlo. Y todo lo que Miley debía hacer era tener ocupado a Nick hasta que así fuera. De manera que tenía
que encontrar el modo de mantenerlo lejos de Chicago, por lo menos otros dos días.
Miley dio otro trago de café mientras con­templaba al hombre con el que había comparti­do la cama. No podía negar que se sentía atraí­da por él. Nick Jonas era un hombre muy guapo. Físicamente era un hombre del que ella podría enamorarse locamente.
Pero su interior no la atraía en absoluto. Y eso que a veces se sentía tan atraída por él, que hasta se le aceleraba el corazón y le ardía la
sangre.
—No voy a enamorarme de Nick Jonas —se dijo mientras daba otro trago al café.
Aparte del físico, tenía todo lo que despre­ciaba de los hombres. Era dominante, impa­ciente y pretencioso. Además, era muy rico. Es decir, era el tipo de hombre con el que su ma­dre quería que se casara.
—Y resulta que me he casado con él —se dijo Miley.
Observó a través de la puerta de cristal que debía de estar afeitándose. Miley sintió cierta pena, ya que le gustaba la barba incipiente que había cubierto su rostro momentos antes. Hacía que tuviese un aspecto menos pulcro... más hu­mano. Pero quizá fuese mejor que Nick recobra­se el aspecto que ella tanto odiaba. Así no corre­ría el peligro de enamorarse del hombre que seguía pensando en casarse con su mejor amiga.
Él no amaba a Demi de verdad. Lo sabía por la charla que habían tenido en el ascensor.
Entonces, ¿por qué estaría tan empeñado en volver a Chicago?
Tomó un croissant de la cesta de bollos que les habían subido. Pensó en la posibilidad de que estuviera equivocada. Quizá Demi y Joe no estuvieran enamorados. A lo mejor, incluso Nick estaba enamorado de veras de Demi. De ser así, perdería tres amigos de un golpe. Miley frunció el ceño, pensando que más bien perdería dos amigos, ya que Nick no era más que un conocido... y su marido mientras si­guieran estando casados.
Cuando él salió del baño, su pelo estaba to­davía húmedo. Se puso a buscar sus ropas mientras ella observaba la espalda desnuda.
—¿Dónde está mi ropa? —preguntó, al ver que el armario estaba vacío.
—Están en el armario que hay al otro lado del jacuzzi —respondió Miley, sonrojándose ligeramente.
—Gracias.
Al poco, apareció con su esmoquin y sus za­patos en la mano. Luego, se acercó a la mesa y se sentó.
—He estado pensando en ello y creo que sólo hay una solución posible para resolver todo este lío. Tenemos que divorciarnos.
Miley se puso en pie y se inclinó sobre él mientras su bata se abría ligeramente.
—No pienso divorciarme.
—Y yo no pienso continuar con nuestro ma­trimonio —dijo él, mirándola fijamente.
—Pues deberías haberlo pensado antes.
Él la miró con los ojos iluminados por la rabia.
—No voy a discutir contigo. Si quieres seguir adelante con esto, te demandaré y probaré que no estaba en mi sano juicio cuando me casé contigo.
—Oh, eso puede ser muy interesante. Me gustaría ver a Nick Jonas admitiendo que perdió el control. Desde luego, va a ser una buena noticia. Y además, tú podrás decir que habías perdido el juicio, pero yo alegaré que tu cuerpo funcionaba perfectamente cuando nos acostamos juntos.
Miley se dio cuenta de lo nervioso que Nick se estaba poniendo y pensó que tenía que tener cuidado. No podía dejar que se marchara a Chicago y echara a perder todos sus planes.
—Muy bien —acordó ella después de suspi­rar—. ¿Y qué propones tú que hagamos?
—No podemos volver a Chicago hasta haber arreglado todo esto. No quiero que ni Demi ni mis padres se enteren de nuestro matrimonio. Te propongo que nos divorciemos inmedia­tamente y olvidemos que esto ha sucedido. Lla­maré a recepción para que nos consigan el telé­fono de un abogado.
Nick descolgó el teléfono mientras ella se­guía desayunando sin dejar de mirarlo. No pudo saber lo que le decían exactamente, pero se dio cuenta de que no era lo que él quería es­cuchar. Al acabar la conversación, Nick colgó el teléfono bruscamente.
—¿Buenas noticias?
—No podemos divorciarnos en Nevada a menos que obtengamos la residencia. Y para eso, tendremos que permanecer aquí seis sema­nas. Aunque hay varios anuncios en la guía de agencias que te consiguen el divorcio en diez días.
—Bueno, diez días no está mal.
Nick se puso a maldecir.
—No puedo quedarme aquí diez días. Tengo trabajo que hacer.
—Entonces tendremos que volver a casa y ocuparnos de esto desde allí.
—¡No podemos volver a casa! Tiene que ha­ber otro modo de hacerlo, tiene que haber un lugar donde nos podamos divorciar inmedia­tamente.
Miley se echó a reír.
—A mí no me mires. Yo no me he divorcia­do nunca. ¿Por qué no llamas a tu abogado? Se­guro que él podrá aconsejarte.
—¡No! Los únicos que vamos a saber lo que ha pasado vamos a ser tú y yo. No quiero arriesgarme a decírselo a nadie, ni siquiera a mi abogado. Así que tendremos que arreglarnos nosotros solos.
Miley suspiró. Luego, sirvió una taza de café y se la tendió a él.
—México —le dijo.
Nick se sentó a su lado. La toalla, al abrirse, dejó ver su muslo. —¿A México?
Ella asintió.
—Creo que en Tijuana puedes divorciarte en un día.
Nick dio un suspiro de alivio. Estaba mucho más guapo cuando estaba relajado.
—Pues entonces, iremos a Tijuana. México no está tan lejos.
Miley se encogió de hombros.
—Muy bien, si eso es lo que quieres.
—Llamaré al piloto y le diré que se prepare —la miró algo avergonzado—. ¿Te acuerdas de dónde dejamos el avión?
—Enviaste al piloto de vuelta a Chicago.
—Entonces, iremos en un vuelo regular.
—No creo. A menos que haya alguna otra tarjeta de crédito escondida en tu cartera, no tienes dinero para dos billetes de avión. Aun­que siempre puedes llamar a tu casa y pedirle a tu padre que te envíe dinero...
Nick se puso a maldecir.
—¿Y cómo diablos vamos a ir a México?
Para ser un hombre supuestamente inteligen­te, Nick Jonas estaba demostrando poseer muy poco sentido común.
—Tendremos que ir en coche. Imagino que podremos alquilar uno con mi tarjeta de crédi­to. Creo recordar que tenía algo de dinero dis­ponible. Y con el dinero en efectivo que ganas­te tú anoche, podremos pagar la gasolina y la comida. Aunque eso sí, el divorcio también nos costará dinero. Y no creo que sea barato.
Nick se levantó y se puso a recorrer la habitación de un lado a otro. A cada paso que daba, la toalla se abría un poco más, así que Miley se vio forzada a concentrarse en la taza de café que tenía entre las manos.
—No puedo llamar a casa para pedir dinero, mis padres descubrirán dónde estoy.
— ¿Y no crees que el piloto se lo habrá dicho ya?
Él se dio la vuelta y se la quedó mirando fija­mente.
—Llevas razón. Así que no podemos quedar­nos aquí, pero, ¿qué podemos hacer sin dinero?
Miley sacudió la cabeza. Ese hombre no tenía ninguna imaginación. Debía haber vivido dentro de una burbuja toda su vida y no sabía cómo funcionaba el mundo real.
— ¿Dónde está tu reloj? —le preguntó ella.
— ¿Por qué? ¿Es que tienes alguna cita?
— ¿Dónde está? Anoche lo llevabas y me fijé en que es de oro.
Nick registró los pantalones de su esmoquin y encontró allí el reloj. Luego, se acercó a la mesa y lo dejó allí.
—Son las doce menos cuarto.
Miley examinó cuidadosamente el Rolex.
—Lo empeñaremos. Si vale lo que yo creo, tendremos suficiente dinero como para obtener el divorcio.
— ¿Empeñarlo?
—Sí, lo llevaremos a una tienda de empeños.
— ¿Una tienda de empeños?
—Sí, esta ciudad está llena. Tú dejas el reloj en la tienda y te dan dinero y un ticket a cam­bio. Más adelante, podrás comprarlo de nuevo. Si no, el dueño de la tienda podrá venderlo.
—Muy bien, empeñaremos el reloj —dijo él.
— ¿Cuánto cuesta?
—Yo pagué por él cinco mil dólares.
Miley se atragantó.
— ¿Pagaste cinco mil dólares por un reloj y estabas disgustado por haber perdido cuarenta mil dólares en el casino?
—Creí que habías dicho treinta mil.
— ¿Treinta, cuarenta, qué importancia tiene eso para un tipo que lleva cinco mil dólares col­gados de su muñeca? —Miley se levantó y se acercó a la mesilla para recoger su reloj—. ¿Ves esto? Pagué setenta dólares por él —ella se lo alcanzó—. ¿Qué hora marca?
—Las doce menos catorce minutos.
— ¿Y qué hora marca el tuyo?
—La misma.
—O sea, que saber la hora puede ser muy barato —dijo ella, sonriendo.
—Pero es que ésa no es la cuestión.
—Ya sé que no es la cuestión. Sé que llevas ese reloj para demostrar que puedes llevarlo, no porque lo necesites. Pero eso es ostentación.
—Bueno, señorita sabelotodo, pero si no lle­vara un reloj tan caro, no tendríamos nada que empeñar ahora. Y si no tuviéramos nada que empeñar, tendríamos que seguir adelante con este insoportable matrimonio hasta que la muerte nos separase. Y te advierto que, a juzgar
por mi estado de ánimo, no habría sido de muerte natural. Así que no me importa en abso­luto lo que pienses de mí o de mi Rolex.
Nick se puso en pie, recogió sus ropas y se dirigió al baño.
—Termina de desayunar y vístete —le orde­nó—. Tenemos que ir a alquilar el coche.
Miley agarró otro bollo y lo partió delante de él. Nick la miró amenazante, pero finalmen­te se dio la vuelta, refunfuñando, y se metió en el baño. Ella lo maldijo. Llevaban casados sola­mente siete horas y ya estaba empezando a ha­cerle perder los nervios.
—Supongo que esto es el fin de nuestra luna de miel — murmuró.