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domingo, 6 de marzo de 2011

NILEY ♥"En tu kma o en la mia?"♥ Cap 3



Hola chicas ak les dejo el tercer cap... espero que les guste... un beso... :D las kiero mucho mucho mucho ♥ ;D


El sonido de un móvil despertó a Nick Jonas de un sueño plácido y profundo. Gruñó y se dio cuenta de que la melodía electrónica no correspondía a su móvil. Y entonces sintió la presencia de un cuerpo cálido junto a él.
Al principio pensó que estaba soñando, pero el peso de la pierna sobre sus muslos era completamente real, así como el olor a cítricos de sus cabellos. Intentó mover el brazo y comprobó que ella tenía la cabeza acurrucada contra su hombro.
«Un nombre», se dijo a sí mismo. Estaba en la cama con una mujer de la que no podía recordar su nombre. Había tenido muchas aventuras de una sola noche en su vida, pero últimamente había renunciado a ellas.
El teléfono siguió sonando, hasta que la melodía cesó bruscamente. ¿Dónde se habían conocido? ¿Dónde había estado la noche anterior? Esperó que lo invadieran los síntomas de la resaca, pero estaba seguro de no haber bebido. Pero entonces, ¿por qué no recordaba a aquella mujer?
—Piensa —susurró mientras abría lentamente los ojos. Al principio no supo dónde estaba, pero entonces lo recordó. Estaba en casa de los Cyrus. En el dormitorio de Demi. Pero entonces, ¿quién demonios estaba en la cama con él? ¡No podía ser su futura cuñada!
Se apoyó en el codo y miró el reloj. Eran las seis de la mañana. Bajó la mirada a su compañera de cama y con mucho cuidado le apartó el pelo ondulado del rostro.
—Maldita sea… —masculló, retirando la mano. Habían pasado años…seis, para ser exactos, pero jamás podría olvidar su hermoso perfil, su nariz pecosa y respingona, su piel perfecta y sus largas pestañas.
Seguía exactamente igual a como él la recordaba, sólo que Miley Cyrus ya no era una adolescente desgarbada, sino una mujer adulta. Bajó la mirada a sus labios, suaves, carnosos y ligeramente entreabiertos. Una mujer adulta y muy, muy sexy. Pero ¿qué demonios hacía en su cama?
Reprimió el impulso de tocarle la cara. Dios, cómo recordaba aquellos impulsos… ¿Cuántas veces había sentido el deseo de besar a Miley Cyrus? ¿Cien, doscientas? Cuando ella cumplió dieciocho años, Nick necesitó toda su fuerza de voluntad para contenerse, y la única forma de conseguirlo había sido evitándola deliberadamente.
Pero ahora que tenía la oportunidad… ¿por qué no aprovecharla? ¿Por qué no descubrir lo que se había estado perdiendo durante tantos años?
Le apartó un mechón y se inclinó hacia su rostro hasta rozarle los labios con los suyos. Al separarse, ella se removió y abrió los ojos. Se le escapó un débil suspiro y sonrió.
Nick la observó con recelo. Era obvio que buscaba algo, o de lo contrario no se habría metido en la cama con él. Era una actitud bastante descarada, teniendo en cuenta que los padres de Miley estaban durmiendo en el otro extremo del pasillo, pero Miley siempre había sido conocida por su descaro, y parecía que se había vuelto aún más audaz desde la última vez que la vio. Al fin y al cabo vivía en Manhattan… Nick había visto Sexo en Nueva York y sabía cómo eran las mujeres solteras de la Gran Manzana.
— ¿Quieres que vuelva a besarte? —le susurró.
—Umm.. —murmuró ella, apoyando la cabeza en su pecho desnudo.
«Umm» podría interpretarse como una respuesta negativa, pero Nick decidió que, combinado con su adormilada sonrisa, sugería lo contrario.
Se estiró junto a ella, entrelazó las manos en sus cabellos y la besó suavemente en los labios. Ella pareció fundirse con él, apretándose contra su cuerpo mientras otro suspiro escapaba de su garganta. En su juventud, besar a Miley se había convertido en una obsesión, y ahora se hacía por fin realidad. Nick estaba fascinado por las sensaciones que recorrían sus venas.
¡Sólo era un beso! Pero era como si todo el deseo contenido desde su juventud hubiera sido liberado de repente. Y ahora podía imaginarse qué podría pasar entre ellos…
Su reacción al beso había sido tan inmediata como intensa. Había pasado mucho tiempo desde que había estado con una mujer. Durante el último año se había sorprendido buscando algo muy difícil de encontrar… una mujer fuerte e independiente que no tuviera miedo de ser ella misma. Estaba harto de aquellas mujeres que se adaptaban a sus gustos en un intento por agradarlo.
Sonrió. Había conocido a Miley desde muy joven, y sabía que era tal y como se mostraba. Seguro que seguía siendo tan cabezota y decidida como había sido de pequeña. Dios, cuánto la había admirado… Era la única chica que se había atrevido a desafiarlo.
La mano de Miley bajó por su espalda, y la palma cálida y suave se deslizó bajo el elástico de sus calzoncillos. Nick contuvo la respiración mientras ella avanzaba con los dedos hacia la cadera. No se había despertado con una erección, pero lo había remediado rápidamente al besarla.
La colocó debajo de él, con los dedos aún entrelazados en sus cabellos, y unió su boca a la suya. Sus caderas se frotaron y la erección de Nick quedó aprisionada entre los cuerpos. Había algo excitante y prohibido en aquellas caricias.
—Nick —susurró ella.
El sonido de su nombre en los labios de Miley fue como alimentar un fuego con gasolina. El deseo se avivó y el beso se hizo más voraz y apasionado.
Era Miley, la chica a la que había conocido desde siempre y a la que había procurado evitar a toda costa. Pero ahora podía ser suya, allí, en esa cama. No había nada que pudiera detenerlos. El momento nunca había sido el adecuado, pero su instinto le decía que la ocasión perfecta había llegado.
Mientras la besaba, se vio atrapado en una fantasía mil veces revivida en sus sueños. Deslizó la mano bajo su camiseta y le acarició el pezón con el pulgar a través del sujetador. Ella se estremeció y se arqueó contra él, pero sin abrir los ojos. Un pensamiento inquietante asaltó a Nick, y por un momento temió que estuviera dormida y soñando. Se apartó y la observó atentamente mientras seguía acariciándole el pecho.
— ¿Miley?
— ¿Nick? —murmuró ella.
—Abre los ojos.
Ella los abrió y lo miró fijamente. Al principio con una expresión vacía, y en seguida con desconcierto.
—Buenos días —murmuró él.
Miley frunció el ceño y se frotó los ojos con los puños. Un grito de pánico salió de sus labios, se apartó de él con un empujón y se cayó de la cama, con las piernas desnudas enredadas en el edredón.
— ¿Qué… qué estás haciendo en mi cama?
—Creo que la pregunta apropiada sería… ¿qué estás haciendo tú en mi cama?
—No es tu cama. Es la habitación de Demi. Es su cama… —parpadeó frenéticamente—. Y tú no eres ella.
—Demi se está alojando en el hotel del pueblo para tener un poco de paz y tranquilidad. No quedaba sitio en nuestra casa, y tu madre me ofreció la última cama libre.
 El móvil empezó a sonar de nuevo, y Miley miró a su alrededor. Se arrastró por el suelo hasta agarrar su bolso y miró a Nick con recelo mientras sacaba el móvil.
— ¿Diga?
Nick le sonrió, recorriendo con la mirada sus largas piernas desnudas hasta sus braguitas negras. Sí, la adolescente desgarbada había dejado paso a una mujer increíblemente sexy.
—Sí, John. Lo entiendo. No, me pondré a ello enseguida y lo tendrás hoy mismo… De acuerdo… Tú también. Adiós.
— ¿Tu novio?
—Mi jefe —murmuró ella—. ¿Has estado en esta cama toda la noche… conmigo?
Nick asintió, tragándose una maldición. Había estado dormida…
—Sí, pero no contigo. Quiero decir, que no hemos hecho nada. Tan sólo estábamos uno al lado del otro. Y luego… bueno, te despertaste —lo último que quería era que Miley saliera corriendo, acusándolo de ser un pervertido—. Eh, no pasa nada… Estaba oscuro. Me confundiste con tu hermana. ¿Cómo podrías haberlo sabido?
Ella lo miró con el ceño fruncido.
—Entonces no estábamos… no estaba… No ha pasado nada, ¿verdad?
Nick puso una mueca.
—Bueno, ha habido algo, pero también se debió a una confusión. Di por hecho que te habías metido en la cama conmigo por una razón, y…
Ella se tocó los labios.
— ¿Me has besado?
—Y tú me devolviste el beso. Luego nos tocamos un poco, pero sin desnudarnos… salvo cuando me metiste la mano por los calzoncillos.
El teléfono volvió a sonar. Miley abrió la boca, pero la volvió a cerrar sin articular palabra. Miró el identificador de llamada y esa vez decidió no responder. En vez de eso, agarró el extremo del edredón y tiró de él para cubrirse, dejando destapado a Nick. Lo miró con desconfianza, esperando su próximo movimiento.
— ¿Creías que era otra persona? —le preguntó él.
—Sí —espetó ella, pero por su expresión de culpa era obvio que estaba mintiendo.
— ¿Algún otro hombre llamado Nick?
—Sí. Conozco a tres o cuatro Nick.
Él agarró un extremo del edredón y se cubrió el regazo. No podía asegurar que «nada había pasado» con una erección delatora bajo los calzoncillos. Se aclaró la garganta y se obligó a sonreír.
—Bueno, ¿y cómo te ha ido en todo este tiempo? Ha pasado… ¿cuánto? ¿Seis años?
Ella asintió, aferrándose el edredón contra el pecho. Tenía las mejillas coloradas, respiraba con dificultad, y el pelo le caía suelto y alborotado por los hombros. A Nick nunca le había parecido tan hermosa, y bajó la mirada hacia los dedos de los pies, cuyas uñas perfectamente pintadas asomaban bajo la manta. Se había pasado mucho tiempo mirándole los pies cuando eran jóvenes, simplemente para apartar la vista de sus pechos.
—Tu madre dijo que no llegarías hasta esta mañana —comentó.
—Decidí venir directamente desde el aeropuerto. ¿Cuándo has llegado?
—Ayer. ¿Y bien? ¿Qué me puedes contar de tu vida?
—No mucho —respondió ella—. Nada más que trabajo. Sigo en la misma empresa de relaciones públicas en la que entré al acabar la universidad. Me hicieron socio el mes pasado. ¿Y tú?
—Tengo mi propia empresa de diseño. Me dedico a la arquitectura residencial. Mi especialidad son las casas de vacaciones, basándome en los diseños clásicos.
—Interesante —respiró hondo, como si estuviera cansada de aquella charla intrascendente—. ¿Qué estás haciendo aquí? ¿Qué se te ha perdido en la fiesta de aniversario de mis padres?
Entonces Nick se dio cuenta de que Demi no le había contado nada a su hermana. Se preguntó si debería ser él quien le diera las buenas noticias o si debería enterarse por su familia en el desayuno, y decidió que serviría para desviar la atención de lo que acababa de ocurrir.
—No es una fiesta de aniversario —dijo—. Se trata de Demi y de Joe.
Ella frunció el ceño al oír el nombre del hermano de Nick.
— ¿Demi y Joe?
—Van a casarse.
Miley ahogó una exclamación y lo miró con una expresión de absoluta incredulidad. Aquélla era la Miley que él recordaba. Siempre encontrando la manera de estar en desacuerdo con él, aunque estuvieran discutiendo por dónde salía el sol.
—No tiene gracia.
—Es la verdad —afirmó él—. Por eso estamos todos aquí. Va a ser una boda sencilla en la iglesia episcopal del pueblo, el Día de San Valentín. Demi ya tiene el vestido y han conseguido la licencia.
—Ni siquiera han salido juntos —observó Miley.
—Supongo que sí lo habrán hecho. Se han estado viendo en secreto durante los últimos tres veranos. No querían que nadie lo supiera. Ya sabes cómo son nuestras madres y cuánto deseaban que hubiera una unión entre los Cyrus y los Jonas. Se comprometieron en Año Nuevo y decidieron casarse enseguida, antes de que Paul y Billy pudieran planear una gran ceremonia.
Son muy jóvenes. ¿Qué saben del matrimonio? —respiró hondo y lo miró, como si necesitara tiempo para asimilar la noticia. Bajó lentamente la mirada al pecho y las piernas de Nick, y tiró del edredón hasta la barbilla—. ¿No podrías vestirte y…?
En ese momento se abrió la puerta del dormitorio y asomó la cabeza Braison, el hermano menor de Miley.
—Hola, Nick. ¿Vas a querer…? —El resto de la frase murió en su garganta al ver la escena—. Hola, Miley. Estás en casa… —miró a Nick y esbozó una sonrisa forzada—. Bueno… el desayuno está listo —murmuró mientras cerraba la puerta.
—Oh, no —gimió Miley, poniéndose en pie—. No, no, no. Ahora será el tema de conversación durante el desayuno. Los dos juntos en ropa interior…
—Y en la misma cama —añadió él—. Podríamos volver bajo las mantas y darles algo en qué pensar… —sugirió, pero levantó las manos al recibir la mirada asesina de Miley—. Lo siento. Ha sido una broma.
Miley emitió un débil gruñido y apartó el edredón.
—No has cambiado nada, Nick Jonas. Todo es una broma para ti. Nunca te tomas nada en serio.
Nick la miró mientras ella buscaba sus pantalones.
—No hace falta que te rasgues las vestiduras. Lo explicaré todo… aunque no les daré los detalles.
—Lo que haga con mis vestiduras no es asunto tuyo. Y no recuerdo ningún detalle. ¿Y por qué? Porque estaba dormida.
Nick se echó a reír. Y pensar que había tenido miedo de volver a verla, sabiendo lo incómodo que podría ser… Pero su relación volvía a ser la misma de siempre.

6 comentarios:

  1. me encanto....
    siguela por fis...
    pasa por mi blog...
    tu historia es genial

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  2. mee encaantooo tee
    quedoo geneaal

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  3. AWNNNNNNNNNNNNNN ♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥ síguela ya! :D

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  4. Awwwwwwwwwwwwww!!!
    Qe LinDoz!!!
    Y xqe actua ella azi!!
    WEeno no imxta zube pronto
    qe ezta reqontra interezante hahahaha
    Bye
    XOXOXOXOXOXOXOXO

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  5. Me encata , te juro que me encanto!!! , wa!! sigue sigue

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